Los bosques siempre han sido hogar de miles de plantas, el país donde nace su alimento y el de los humanos por encima de cualquier comida, el  reino del oxígeno. Son lugares habitados por animales, donde han cobrado vida personajes imaginarios, seres que han tomado forma tridimensional, han cobrado vida sin perder la forma y el fondo de protagonistas de cuentos fantásticos: hadas, gnomos y árboles parlantes. El inmenso refugio donde ir a desconectar del estrés diario, mirar y admirar paisajes, escuchar el silencio, el templo donde la vida respira y vive sin reloj que controle.

Son guardianes de secretos de forajidos que huían de la ley de la época en la que les tocó vivir.

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Cobijo del bandolero Joan Sala, más conocido como Serrallonga, quien, gracias en parte a la literatura romántica, fue héroe para la mayoría del pueblo catalán en el siglo XVII y también apoyado por Francia en ocasiones, en momentos que tenía que huir de España y se atrevía a cruzar las montañas de los Pirineos.

En Andalucía, también habían bandoleros, como el "Barquero de Cantillana" en el siglo XIX, a quien todos conocemos, aunque creo que no lo reconoceréis por ese nombre que proviene del oficio de su padre, quien con una barca, transportaba mercancías y gente, desde Cantillana a Sevilla, cruzando el río Guadalquivir. Es más conocido como Curro Jiménez, siendo su nombre real Francisco López Jiménez. Ahora si reconocéis nombre y profesión del forajido de la ley; aunque a día de hoy es fácil confundir ambos términos dada la situación social y política del país.

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El alcalde de Cantillana relevó al padre de Curro de su trabajo y la familía se quedó sin sustento. El padre enfermó, Curro pidió al alcalde el trabajo de su padre y éste se negó en rotundo. Él juró venganza. El chico pidió trabajo en todo el pueblo y todo el mundo le cerró puertas por temor a posibles represalias del alcalde.

En toda Andalucía era conocido, sobretodo en las serranías de Sevilla, Cádiz y en la sierra de Ronda (Málaga).

Otra cosa es la realidad. Quitando historias reales y leyendas marcadas en libros y las voces de las gentes. Hoy en día, los bosques ya no son escondite y casi tampoco son el fondo de un cuento. Son carne de cañon de gente que no quiere otra cosa que sacar beneficio de los terrenos donde los árboles están plantados o, donde llegan incautos que no vigilan ni piensan las causas de sus acciones.

El incendio del pasado domingo 26 de julio en Ódena está controlado. Se ha llevado por delante 1300 hectáreas de zona boscosa. Ayer noche, 23 dotaciones de bomberos remojaron todas las zonas plagadas de ceniza para evitar que las ascuas reaviven de nuevo.

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Las condiciones meteorológicas favorecieron que la extinción se pudiera dar.

Las imprudencias humanas son el 95% de las causas de incendios, ya sea por colillas, barbacoas encendidas en lugares inadecuados, por tirar latas, plásticos y papeles, o, como en el caso del incendio de Ódena, por utilizar una segadora de paja cuando la altura de ésta no era adecuada y rozó con las piedras del suelo, saltaron chispas y causaron esta gran desgracia.

Si cuidamos la naturaleza, nos cuidamos nosotros y no tendremos que lamentar pérdidas humanas (esta vez por suerte no ha sido el caso), materiales o de nuestro ecosistema. #Ecología #Crónica Barcelona #Historia antigua