Desde que dio comienzo a acrecentarse la crisis allá por el 2009, muchos de los jóvenes, que por aquel entonces estudiaban en las universidades españolas, estaban convencidos de que su esfuerzo sería recompensado.

Lo que al principio, parecía un negocio redondo, estudiar era sinónimo de buen salario, mejor nivel de vida y una posición dentro del mercado laboral que hasta ahora venía saturado por puestos precarios en el sector servicios, no serían sino más que falsas promesas.

Actualmente la mayoría de éstos jóvenes comprendieron que había sido solo un espejismo y buscaron alternativas. Las opciones no eran muchas, unos optaron por seguir estudiando, ya sean estudios superiores, máster, doctorado y demás. Otros en cambio decidieron probar suerte en el extranjero, y el resto , resignados, no tuvieron más opción que aceptar cualquier oferta de #Trabajo aunque esta fuese muy por debajo de sus capacidades.

Los medios hablan de fuga de cerebros, existen datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE) que señalan un incremento del 48 % de españoles en el extranjero. Pasamos de 1.4 millones en 2009 a 2.1 millones en 2014.

Centrándonos en los emigrados. Parece sencilla la decisión elegida, pero la realidad es bien distinta si nos basamos en los testimonios de algunos de estos jóvenes. No es fácil marcharse, pues consigo comienza un período de adaptación en el que no solo se aprende una nueva lengua, sino que las costumbres, la forma de pensar y de actuar son distintas a las de nuestro país.

Uno de los primeros obstáculos con los que se encuentran es sin duda la búsqueda de empleo, tenemos que tener en cuenta que a la llegada al destino no todos hablan ya el idioma y esto puede dificultar la consecución de dicho objetivo. Motivo por el cual al comienzo se acepta la primera oportunidad de empleo, en la mayoría de los casos puestos no cualificados. No podemos olvidar que encontrar una vivienda en alquiler ya sea para uso propio o compartida en función de las posibilidades de cada uno es otra de las preocupaciones principales que se añaden a la aventura de éstos jóvenes.

Las coberturas sanitarias, es de los asuntos que más les preocupa, dado las limitaciones temporales de su cobertura, normalmente no superiores a un mes. Ámbito en el que también nuestro país debería abordar mejoras.

Superada la primera fase del proceso, llega el momento de iniciar con la ardua tardea de alcanzar el objetivo por el que emprendieron su viaje, la meta de lograr un futuro mejor accediendo a un empleo acorde a su formación. A esto debemos sumarle que la crisis no afecta únicamente a España, otros países de la Unión Europea la sufren en un grado menor, por lo que no todos los que emigran encuentran trabajo de aquello para lo que se formaron y están capacitados, también ellos se resignan y aceptan cualquier oferta de empleo que les permita mantenerse en el destino elegido a la espera de que más tarde o más temprano les llegue esa oportunidad que siempre han esperado y tanto esfuerzo les ha costado. #Universidad