Es la fecha elegida del Día de la Comunidad de Madrid, igual que el 11 de septiembre es la Diada Nacional de Catalunya. Pero cada una tiene un significado distinto, aunque parezca que ambas son similares: alzamiento o caída de rebeldes contra un invasor o algo parecido.

El Dos de Mayo de 1808, del cual se cumplen 207 años, es una fecha que para unos es heroísmo intachable, de gente humilde que se rebeló igual que los ahora estadounidenses se rebelaron contra Inglaterra en 1776 y lo llamaron Revolución Americana.

Para otros no lo es tanto, ya que, si escuchamos a historiadores del mundo entero, la rebelión española fue influenciada por la Iglesia, que dejó al país en un atraso absoluto del que no salió hasta la llegada de la democracia en 1977, y que gracias a Francia se hubiera puesto al mismo nivel evolutivo que dicho país y toda Europa.

Pero es mayor la diferencia de criterio en los países implicados: España acusa a Francia y a Napoleón de invasión y de crímenes de guerra contra los españoles, además de violaciones y toda clase de detalles sórdidos. Francia considera todo ello calumnias y dice que, como dijo el Emperador, venían a España a liberarla de los “monjes fanáticos sedientos de sangre” de la Inquisición, es decir, que fueron como los americanos en la II Guerra Mundial contra Hitler. Y por ello, los judíos españoles, oprimidos por esa institución religiosa, le verían como su Mesías.

Hace años, la actual Vicepresidenta del Gobierno Rajoy, Soraya Sáenz de Santamaría, en una entrevista para El Periódico de Catalunya sobre qué libros leía en sus vacaciones veraniegas, dijo que el peor fue una biografía de Napoleón escrita por Max Gallo. Dicho libro, biografía novelada, fue llevada a la televisión el año 2000 en una excelente miniserie de cuatro capítulos, con Christian Clavier, John Malkovich e Isabella Rossellini. Su visión de la guerra española es que Napoleón era el salvador auténtico de la España oprimida por la Inquisición, los guerrilleros españoles parecían de Estado Islámico y Fernando VII, todavía príncipe, habría pagado a la gente que se rebeló en Madrid contra los franceses para que le ayudaran a derrocar a su padre, Carlos IV, y llegar a Rey.

Una versión radical la de Gallo, aunque aporta algunos datos históricos poco conocidos, y la Política suele obligar a pactar incluso entre adversarios irreconciliables. Además, años después, Fernando VII pidió auxilio a Francia cuando querían obligarle los liberales españoles a renunciar a su Monarquía absoluta, y el Rey de Francia, también monarca absoluto, le envió tropas para reponerle en su cargo como antes.

Claro que en esta guerra, Napoleón cometió errores imperdonables, cegado por su soberbia, una equivocada estrategia y asesores incompetentes, y su hermano Joseph, al que él puso como Rey (José I), al tratar inútilmente de ganarse el favor de sus nuevos compatriotas, tuvo que abdicar. Eso sí, en su favor, fue el único que tuvo coraje para acabar por fin con la Inquisición, hoy en día vista en el mundo como el equivalente medieval de la Gestapo de Hitler.

Mientras, Francisco de Goya, que había retratado la contienda en cuadros como “Los fusilamientos del Tres de Mayo”, siempre se movió entre su admiración por las ideas que traía Napoleón y ser español, toda una contradicción, tan pronto a favor de Francia como en contra, denunciando en “Los desastres de la guerra” la brutalidad de ambos países. Acabó sus días en Burdeos por estar en contra de la tiranía de Fernando VII. #Unión Europea #Poder #Sociedad Madrid