Cuando en enero estábamos todos aterrorizados con los salvajes e inesperados atentados yihadistas contra el director y varios dibujantes de la revista satírica francesa Charlie Hebdo, que dejó más de 10 muertos, en EEUU se defendía la #Libertad de expresión y a la revista, pero los medios del país no permitían mostrar con libertad las portadas, algunas de ellas mostradas pixeladas, es decir, censuradas.

Ello es por la diferente visión de ambos países, Francia y EEUU, en cómo permitir este tipo de revistas. La gente, digamos, creyente, sea cristiana, musulmana o budista, no aprueba la absoluta libertad con que CH satirizaba la Religión en sí misma, desde las caricaturas de Mahoma al Papa y sus Obispos.

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Por ello ha sorprendido el rechazo de un número importante de escritores americanos de ambos sexos, entre ellos varios ganadores del prestigioso Premio Pulitzer, contra el premio del PEN American Center a la revista, incluso dudando de dárselo a una revista hecha con honradez. Es más, la han calificado de "racista", "islamófoba" e incluso "sexista", cuando no han hablado de la "arrogancia cultural francesa", algo que ya hizo mucho daño a las relaciones entre ambos países cuando la guerra de Iraq y aquella obsesiva "demonización" de todo lo que fuera francés.

La escritora Rachel Kuchner, una de las más críticas con este premio, dice que Charlie Hebdo "representa la intolerancia cultural y una especie de visión secular obligatoria". Teju Cole dice que lanzaba "provocaciones específicamente racistas e islamófobas, por lo que dudo que tenga que convertirse en mártir de la libertad de expresión".

A favor de la revista está Salman Rushdie, cuya valiente lucha contra fanáticos como el desaparecido ayatollah Jomeini, que le condenó a muerte (una fatwa) por su libro "Los versos satánicos", donde satirizaba al Profeta Mahoma y a lo más sagrado del Islam, y ha criticado amargamente a quienes protestan contra el premio a Charlie Hebdo: "Lo que vuestro acto dice es que juzgáis a CH como culpable, y al hacer esto, el gesto os sitúa en el bando contrario".

Como todo el mundo sabe, en EEUU sería casi imposible publicar una revista como CH sin problemas de todo tipo, no sólo por la censura sino por el puritanismo del americano medio, al cual incluso le sorprendió hace años cómo Pedro Almodóvar hablaba de ciertos temas en su película "¡Átame!", que consiguió acabar con la anticuada calificación "X", que se aplicaba incluso para películas no pornográficas exhibidas en el país, pero que exhibieran demasiado sexo o violencia, a juicio de la censura americana, y que motivó incluso que un juez de la América profunda prohibiera en su jurisdicción la proyección de la película alemana "El tambor de hojalata", basada en la novela de Günter Grass y ganadora del Óscar en 1979, al juzgarla obscena por ver al protagonista que crece con cuerpo de niño y que seduce incluso a mujeres mayores que él, de esa guisa.

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Una carta abierta de otros 145 escritores que critican el premio, dicen "No se está premiando la libertad de expresión, sino un material altamente ofensivo". Uno de sus autores, la escritora Francine Prose, dice que "La provocación no es lo mismo que el heroísmo".

Jean-Baptiste Thoret, crítico de cine de CH, que sobrevivió a los atentados por llegar tarde, respeta a quienes no les gusta el estilo de la revista. Él recogió el premio y la asociación PEN ocupó las sillas vacías de los escritores críticos con otros. #Terrorismo