Seguro que todos tenéis un amigo que está sentado en la terraza de un bar tomándose unas cervezas con vosotros pero con el móvil en la mano permanentemente. De vez en cuando se ríe cuando todos lo hacéis pero todos sabéis que no tiene ni idea de por qué.

En sus ojos se nota que no está con vosotros, sino hablando por un grupo de WhatsApp con sus otros colegas, los de la universidad. O mirando en Twitter qué dice la gente que se ha quedado en casa viendo La Sexta Noche. O simplemente revisando si tiene algún "me gusta" nuevo en la canción de un grupo de Oxford que ha colgado en su Facebook.

Lo que ese amigo está haciendo tiene un nombre: Phubbing.

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Aunque muchos lo ignoremos el término surgió en 2007, prácticamente a la vez que los smartphones, en Australia. Lo acuñó Alex Haigh, autor también de la campaña Stop Phubbing, y proviene de Phone (teléfono) y Snubbing (ignorar).

La campaña StopPhubbing es una de las más conocidas a nivel internacional de las centradas en combatir este hábito y educar para evitarlo, pero no es la única. Son muchas las plataformas virtuales que luchan por combatir y erradicar este hábito. La mayoría de ellas apuesta por una educación básica a los adolescentes en este sentido.

StopPhubbing además arroja datos que son, como mínimo, preocupantes: el 87% de los adolescentes prefieren el contacto con otras personas de su edad de forma telemática que cara a cara. Además añade que con el número de personas que practican o sufren phubbing se podrían llenar seis Chinas.

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Todos vemos Phubbing a diario en nuestras familias, grupos de amigos y prácticamente cualquier lugar público al que vayamos. En 2015 no es raro ver que alguien ha pagado 6 euros por una entrada de cine para estar sentado en su butaca atendiendo el móvil cada 3 minutos. A un colega que se calla durante la media hora que ha durado la comida porque estaba hablando por WhatsApp con gente a la que ignorará cuando se vaya a comer con ellos por estar chateando con nosotros por el grupo de WhatsApp.

Según la especialista en Terapia Familiar Sistémica, Gisela Echeverría, los problemas derivados de esta práctica no son en absoluto despreciables y están generando muchísimas dificultades en las relaciones interpersonales de quienes lo sufren.

La facilidad que genera el móvil junto a su paquete de tarifa de datos para desconectarse de la realidad es una de las causas de este nuevo fenómeno, pero desde luego no es el único. No sólo es necesario que algo sea fácil de hacer para que se haga, es imprescindible que las personas quieran hacerlo.

Según la doctora quienes lo sufren tienen constantemente "miedo a perderse algo, lo cual es absurdo, porque realmente se están perdiendo a la persona de carne y hueso que les acompaña". Ella afirma que las consecuencias son terribles, ya que muchas veces estas personas pueden llegar incluso a olvidar las emociones y las experiencias de quien le está acompañando en ese momento en el mundo real. #Telefonía móvil #Smarthphone