La unión de crisis y desarrollo tecnológico, ofrecen combinaciones extrañas, como esta de la que hoy nos hablan en El País en el artículo "La vida secreta de una webcamer". Son mujeres jóvenes, normalmente entre 25 y 35 años con dominio de la tecnología y sobre todo de las redes sociales que utilizan para promocionarse; suelen tener cuentas de Twiter con miles de seguidores y algunas licenciaturas universitarias.

Las hay que trabajan por su cuenta, pero la mayoría se unen a las empresas que están surgiendo en vista de lo lucrativo que es el sector, aunque ganen algo menos, cuentan con toda la infraestructura apropiada y con un mayor número de clientes.

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Esconden su rostro, pero muestran todo lo demás en la intimidad de su habitación. Es una ocupación que se puede realizar desde casa. Por cuatro horas de trabajo diario vienen a ganar unos 1000 euros al mes que en Hacienda cotizan como actrices, tienen que actuar para darle a cada cliente lo que quiere, alegan: "El 70 por ciento del tiempo lo pasamos hablando", dice una de ellas, justificándose en que la gente está falta de cariño.

Los clientes pagan por adelantado, en función del tiempo que quieran pasar con las chicas, los hay que se gastan una barbaridad de dinero, son verdaderos adictos. Muchas tiene clientes fijos, llegan a conocerles y conocen sus gustos, algunos las consideran sus novias virtuales, aunque en realidad no sepan nada de ellas, ni siquiera conozcan su cara.

Están apareciendo grupos de chat especializados, en los que la mayoría de los que se muestran cobran, pero otros lo hacen por mero afán exhibicionista, es lo que tiene #Internet, permite exhibirte sin salir de casa.

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A las chicas normalmente les gusta su trabajo, alguna lo considera una versión light de la prostitución, en la que deciden cuando y cuanto tiempo quieren conectarse y también pueden decidir qué quieren hacer y qué no.

Las familias y amistades de la mayoría no saben a qué se dedican, el problema de llevar una doble vida y el trajín y el frío que se coge de tanto vestirse y desvestirse son los grandes inconvenientes de esta "nueva" profesión.