A veces la vida da sorpresas extrañas, quizás eso es lo que piensa Sisa Abu Dauh, mujer nacida en 1950 en Al Aqualta, un pequeño poblado campesino a unos kilómetros de Luxor. El periódico el Mundo se hace eco de su historia en una crónica y la verdad que no es para menos, pues hasta el presidente egipcio Abdelfataf al Sisi la ha recibido en su palacio para otorgarle el premio a madre extraordinaria de Egipto.

Cuando era joven se casó con un hombre de Quema (ciudad a 50 kilómetros de Luxor), pero su matrimonio no duró mucho, cuando llevaba seis meses de embarazo su marido falleció. Ella pensó que si era niño lo dejaría con la familia paterna, pero tuvo una niña lo que la condenaba a una vida más difícil, le puso de nombre Hoda y decidió no estaba dispuesta a desprenderse de ella, a pesar de los intentos de sus hermanos de que se volviera a casar.

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Ella se juró a sí misma que se ocuparía de su hija y que nunca le faltaría que comer.

Les dijo a sus hermanos que pensaba buscar un #Trabajo, pero ellos le dijeron que estaba mal visto que una mujer trabajara, entonces ella decidió que sería un hombre, se rapó el pelo, se puso un turbante y vistió una túnica holgada para ocultar su cuerpo de mujer. Era joven y fuerte, se desplazó a Asuán y trabajó en el campo manejando una hoz.

Después trabajó como albañil durante 7 años, cargaba el cemento en cestas como los demás hombres, por lo general todo iba bien, pero cuando la descubrían aparecían los problemas de acoso y amenazas por parte de algunos. Aprendió a defenderse y también a ser sorda, ciega y muda.

Cuando los problemas se incrementaron y empezó a flaquear en fuerzas abandonó la construcción para hacerse limpiabotas, trabajo que aún desarrolla hoy en día para mantener a su familia, su hija, el marido de esta que está enfermo y sus seis nietos.

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A pesar de todo, ella nunca se ocultó, sus vecinos sabían a qué se dedicaba. hace tan sólo unas semanas el gobernador de su región le entregó el diploma a madre ejemplar del año y le regaló un quiosco donde poder trabajar sin tener que recorrer la ciudad.

La recepción del presidente egipcio la ha llenado de orgullo, pero para ella su mayor regalo sigue siendo su hija, una hija que está totalmente orgullosa de su madre que ha sido su padre también.