Mario García Montealegre, el joven de 24 años que propinó una fuerte patada a una mujer en la Avenida Diagonal de Barcelona, ha visto como su horizonte judicial se oscurece tras encontrar el juez indicios de dos presuntos delitos, de lesiones y contra la integridad moral, por los que podría ser condenado hasta con siete años de cárcel.

El joven de 24 años, autor de la patada, ya declaró ante el juzgado de Talavera de la Reina como autor de una falta de vejaciones, sancionada con una mera multa, que había sido un acto espontáneo y que no recordaba exactamente cómo había sucedido todo, pero que se encontraba muy avergonzado y arrepentido.

Sin embargo, la vergüenza y el arrepentimiento no deben servir de justificación cuando se ataca gratuitamente contra la integridad física y moral de una persona, de una mujer que esperaba pacientemente a que el semáforo cambiara de color para poder cruzar al otro lado de la calle. La sinrazón de actos como éstos no puede tener cabida en un estado democrático y de derecho como es el nuestro. Por ello, era de esperar la denuncia de la víctima ante los juzgados de Barcelona, donde el juez instructor -al que le ha correspondido conocer del caso- ha decidido abrir diligencias por un delito de lesiones y otro contra la integridad moral basados, el primero, en un parte médico presentado ante los Mossos d'Esquadra cuando realizó la denuncia y cuyo diagnóstico era un esguince de tobillo provocado por la brutal patada; y el segundo, en la grabación y posterior difusión por las redes sociales de dicha agresión gratuita.

La abertura de diligencias hará necesaria una investigación más en profundidad de los hechos ocurridos la noche del pasado 22 de febrero, y de sus conclusiones se determinará si hay o no indicios suficientes para imputar a este joven reincidente -ya hizo lo mismo contra otra mujer en Benidorm durante el verano de 2013- por los delitos de lesiones y contra la integridad moral, por los que podría pasar hasta siete años en prisión.

En esta ocasión, la gamberrada le puede salir cara. Y espero, realmente, que así sea principalmente por dos razones: en primer lugar, por la propia señora que ha padecido este ataque gratuito contra su persona, porque tiene derecho a que se le haga justicia por el agravio sufrido; y en segundo lugar, por la propia sociedad, que no puede pasar por alto agresiones de este tipo, dirigidas principalmente contra las mujeres y cuya normalización convierte a éstas en el foco de diversión de "personajillos" de esta calaña, encargándose la misma sociedad patriarcal de blindarlas de impunidad.