Hace medio siglo, después de las reivindicaciones feministas y el Mayo del '68, las mujeres occidentales fueron consiguiendo muchos derechos que reivindicaban, demostraban que no necesitaban a los hombres por encima de todo, tener su propio nombre con la aceptación plena de su pareja, ganar lo mismo que sus colegas masculinos… Se ha conseguido en una buena parte, pero aún falta mucho por conseguir y luchar.

Pero hay que lamentar que las mujeres han observado un descenso acusado en esos derechos, o en algunas cosas que no parecen tan importantes, que muestra en un artículo la socióloga catalana Marina Subirats en el diario Ara bajo el título "Todo por amor". Se refiere a chicas adolescentes de instituto, que serán las mujeres trabajadoras del mañana, que han dejado que los chicos con los que salen las controlen y dominen, algo inconcebible en las generaciones de 1970 ó 1980.

Anuncios
Anuncios

Ella lo lamenta: "Los duros, castigadores, chulitos y 'malotes'triunfan entre las adolescentes, les gustan mucho más que los chicos tiernos y sentimentales. Justo al contrario de lo que pensábamos durante años, cuando parecía evidente que los hombres amables, compañeros y próximos serían cada vez más atractivos para las mujeres actuales".

Buscando las causas de esta conclusión, dice: "¿Qué ha pasado para que se haya producido este cambio? Como siempre, factores diversos: los futuros profesionales de chicos y chicas son cada vez más desdibujados, y por lo tanto, menos estimulantes. El perfil de mujer profesional liberada, que aparecía con bastante fuerza en los proyectos de las adolescentes de los '90, se ha desvanecido, sobre todo en una clase trabajadora que ha perdido el cebo del ascensor social. ¿Con qué mimbres puede tejerse un proyecto de futuro? Suerte que queda el amor, el opio de las mujeres". Ahí se entiende que las adolescentes prefieran cualquier tío que haya que parezca que se va a comer el mundo.

Anuncios

Pero Marina Subirats sabe mucho del tema y dice que "ya no se presenta asumir la feminidad tradicional como mutilación o renuncia. (…) Ahora las cosas van de otra manera: 'Puedes hacerlo todo'". Y en ello, como ella dice, parece que incluye la "hipersexualización de las niñas", que desde pequeñas empiezan a pintarse y vestirse sexys. Algo que ve como "una trampa mortal, pero tan bien enredada que la rebelión se hace difícil, y además, cualquier crítica a esto se califica enseguida de 'moralina', de poner un freno carca a un juego inocente".

Entra en algo actual muy de moda, sobre todo entre mujeres, las novelas y la película "50 sombras de Grey". Lamenta que todo se haga por amor, "incluso las palizas [de él]". Después de enumerar el repertorio de humillaciones que sufrirán las que esperen a su Grey particular, cree que es por que, gracias al amor y los sacrificios, "seguro que lo haremos cambiar [de comportamiento y se volverá más humano]. Y entonces haremos realidad el cuento de la Cenicienta y seremos felices para siempre".

Acaba diciendo, lúcidamente: "La combinación letal de consumismo y negrura en el futuro profesional hace que la gente joven tire hacía atrás, a los estereotipos de siempre: seré osado, temido, triunfador y admirado; seré una mujer bella y deseada, lo tendré todo. Conducidos por caminos, hace falta decirlo, muy peligrosos, en donde más de uno o una se ahogarán, mientras otros harán su agosto". Los lectores del diario lamentan esta tendencia, sobre todo ellas, y están de acuerdo en que hace falta más educación y medidas eficaces.

Anuncios