El diario Libération contaba ayer un asunto más propio de la América profunda (en donde por cierto hay un legislador de Montana llamado David Moore que quiere instaurar unas Leyes aún más puritanas que las que hay allí, amenazando con prohibir llevar pantalones de Yoga en público y cadena perpetua a quien cometa hasta tres faltas de indecencia pública, que no tienen nada que envidiar a Estado Islámico, ya contado en este diario).

En Francia, aún no han llegado a eso, pero algunos querrían. Resulta que AFC (Asociaciones Familiares Católicas) quieren demandar a Gleeden, una web de encuentros extraconyugales, acusándola de violar la Ley francesa y recordando lo que dice el Código Civil francés desde 1975: "Los esposos se deben mutuamente respeto, fidelidad, ayuda y asistencia". En aquel año, el adulterio dejó de ser falta penal.

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Hasta ahora, no ha pasado nada, pero lo que ha enervado a dichas asociaciones es un cartel con una manzana mordida, al estilo Adán y Eva, y el eslogan "Contrariamente al antidepresivo, el amante no cuesta nada a la Seguridad Social". Aparte, el nombre de Gleeden juega con el del Edén, y se ofrece como el primer sitio de este estilo dirigido a las mujeres.

Ello ha sorprendido a la opinión pública francesa, que a dichos asuntos ya no le da ninguna importancia, siempre que no haya asesinatos por medio (crímenes pasionales, en estos casos, por ejemplo, un marido eliminando a la esposa para irse con la amante), pero la petición de la AFC, que recuerda a las de Manos Limpias en España (por lo de la demanda al programa infantil de TVE Los Lunnis por sacar una boda gay), reúne además 20.000 firmas para pedir la retirada de lo que consideran "publicidad escandalosa".

Esto recuerda a un caso judicial del año 2011, también recordado por Libération, en donde un hombre que aún estaba casado firmó un contrato con una agencia matrimonial.

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Se declaró anulado el contrato en primera instancia, al considerarse ilícito, pero se exculpó a la agencia, ya que no se consideraba dicho contrato como que se hubieran consumado los hechos.

Sólo una minoría como la AFC presta atención a temas como estos para convertirlos en cruzada contra las malas costumbres, siendo Francia un país donde ha aceptado estos problemas de la vida con naturalidad y la vida privada de la gente se protege mucho, como la de los políticos, por ejemplo la familia Le Pen, nada sospechosa de libertina para la AFC, es sospechosa de toda clase de infidelidades que parecen sacadas de un culebrón. Por ejemplo, Jean-Marie, que abandonó a su mujer para irse con otra, insultó a su ex (la menospreció mandándola a "fregar escaleras") y él mismo subió en intención de voto. O el cine francés, en donde nos ha mostrado toda clase de infidelidades en obras maestras del cine, en todos los estilos.

La defensa de la web Gleeden recuerda que los matrimonios ya separados, que han rehecho sus vidas con otras personas, no pueden ser acusados de adulterio, aunque aún estén casados.

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Además, las costumbres han evolucionado y lo que servía hace 50 años, hoy es totalmente inservible, inútil. El camino de esta demanda, según abogados consultados, será largo, y quizá para entonces la gente esté absolutamente desinteresada.

Los lectores del diario creen que la AFC ha hecho una gran publicidad a Gleeden sin proponérselo, y aunque reconocen que la fidelidad es algo que debe apreciarse bien y respetarse, no comparten para nada su denuncia.