La OCDE (Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos) ha dado a conocer esta semana un interesante informe que revela que el 35% de los jóvenes españoles con edades comprendidas entre los 25 y los 34 años carece de una cualificación mínima. Lo que quiere decir que más de un tercio de este segmento apenas cuenta con el título en la Educación Obligatoria Secundaria, y eso, en el mejor de los casos.

Lo cierto es que el pronto abandono escolar por parte de los adolescentes es un problema social que lleva en la agenda de los dirigentes políticos desde hace ya varios años, y que ha llevado a un fomento de los grados de formación profesional.

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Con ellos se persigue que los jóvenes que dejan los estudios tras concluir la etapa obligatoria continúen formándose en aquello que más les interese y que les permita posteriormente entrar en el mercado laboral. De momento, en los últimos cinco años, España ha conseguido reducir la cifra de abandono escolar en nueve puntos, hasta situarse en un 21,9% en 2014. Un dato positivo pero que aún sigue doblando prácticamente las cifras registrada en la media de la Unión Europea.

Elevado paro juvenil

Sin lugar a dudas, se trata de una circunstancia que contribuye a explicar las altas cifras de desempleo con las que terminó 2014 en este segmento de la población. Según los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) difundidos por el INE, el 51,80%, de los jóvenes, entre 16 y 25 años, con posibilidad de trabajar, se encuentran parados.

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A pesar del descenso que se ha producido en los últimos trimestres, la cifra es cuanto menos preocupante y se hace fundamental emprender una política más activa que permita reducir los números y asegurar un futuro próspero.

No obstante, y a pesar de que una gran parte del paro juvenil procede de los jóvenes sin cualificación, también es cierto que muchos de nuestros alumnos mejor preparados una vez abandonan la Universidad se ven obligados a abandonar el país y buscar nuevas oportunidades en el extranjero que les permita labrarse un futuro mejor.

Las demoledoras cifras presentadas por la OCDE no hace más que poner de relieve la necesidad de que el Gobierno y las Comunidades Autónomas activen un plan de formación para los jóvenes que les permita alcanzar una buena posición dentro del mercado laboral.