¿El líder nace o se hace? A lo largo de la historia esta pregunta ha estado en boca y en el oído de muchas personalidades (o aspirantes), del mismo modo, que los grandes oradores se entienden como personas que han perfeccionado mediante entrenamiento sus habilidades vocales (si bien, la voz con la que se nace puede suponer un plus).

El liderazgo se define como el conjunto de habilidades gerenciales o directivas que un individuo tiene para influir en la forma de ser de las personas o en un grupo de personas determinado, haciendo que este equipo trabaje con entusiasmo, en el logro de metas y objetivos.

Los investigadores de la Aarhus University (Dinamarca) han querido dar respuesta al misterio, buscando similitudes cerebrales entre una muestra de personas que destacan por su capacidad de influir en los demás.

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El resultado fue que es posible predecir este tipo de capacidades mediante su actividad electroencefalográfica.

La muestra estaba constituida por dieciocho personas, sometidas a quienes se les realizó un seguimiento de sus conductas sociales y de las decisiones que tomaban para llevar a efecto el alcance de sus objetivos, además de la capacidad de tomar la iniciativa, gestionar, convocar, promover, incentivar, motivar y evaluar a un grupo o equipo. Existe por tanto, una clara diferenciación entre la figura de líder con respecto a la del jefe, que no deja de ser un mero superior.

El trabajo consistió en el emparejamiento de los voluntarios, sentándolos de espaldas, y pidiéndoles atención a una serie de sonidos emitidos por computadoras, tratando de acompasarlos con un botón que debían presionar.

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Esto arrojaba datos sobre cómo trabajaba el cerebro de los sujetos. Aquellos que lo graban planificar mejor la tarea, poseían mayores dotes de liderazgo. Lo más interesante, es la conclusión final de que la figura del líder aparece durante la ejecución de las tareas de grupo, pero mediante un escáner cerebral, se puede tener una idea aproximada antes del comienzo de la misma.