En Francia se reedita un libro de 1910 cuyo título es “Petit bréviaire du parfait féministe” (Pequeño breviario del perfecto feminista), ilustrado por la dibujante Pénélope Bagieu, aquí conocida por su blog y libro “Ma vie est à tout fascinante” (Mi vida es lo más), por personajes como Joséphine y la ocurrente novela gráfica “Cadáver exquisito”. Lo más curioso es que lo escribió un hombre, no una mujer: Jean-Joseph Rénaud, desconocido en nuestro país.

Rénaud (1873-1953) fue periodista, cuentista y ensayista. Según recuerda la revista francesa Les Inrocks, en 1910, la mujer francesa no sólo no tenía derecho al voto (como en casi toda aquella Europa), ni tampoco derechos si estaba casada. Él quiso recordarnos que los prejuicios sexistas, hoy combatidos en Occidente, tienen la piel dura.

Con objeciones y respuestas, el autor combinaba sus convicciones firmes de la igualdad de géneros, sobre todo en la defensa de los derechos de la mujer, y las enfrentaba a los prejuicios de su tiempo. Un ejemplo: “El lugar de la mujer está en el hogar con su marido e hijos. Para evitar toda concurrencia, las tareas masculinas deberían ser prohibidas a las mujeres. ¿Entonces, quien zurcirá los calcetines? ¿Y quién quitará la roña a los hijos?”. La revista recuerda un diálogo entre Laurent Fabius y Ségolène Royal hace poco, que sería parecido.

Rénaud luchaba por la educación mixta, por un trabajo femenino remunerado, igualdad de salarios y de derechos. “En este momento, en casi todas partes, por un trabajo totalmente semejante, la mujer cobra una quinta parte menos que el hombre”. Se refiere a la mujer campesina, no la burguesa, que está tranquilamente en su casa.

En aquella época, la mujer sólo podía trabajar en los empleos que le permitía el hombre, sobre todo en la industria textil, la de la ropa. Rénaud reclamaba que ellas tenían derecho a trabajar y elegir el empleo. Así, “ellas podrán acceder a la liberación material, la dignidad de no depender de nadie más que de ellas mismas en la maldición asegurada de los hijos por encima de todo y a la regeneración del matrimonio”.

Otro prejuicio que Rénaud criticaba era “Cuando la mujer se independice, ya no se querrá casar”. Él contestó: “Entonces, según usted, el matrimonio es tan desagradable para la mujer, del que ella se librará desde que, gracias a su trabajo justamente remunerado, ya no será obligatorio para ella? Este temor constituye una confesión elocuente y sin razón”. Defiende que las feministas aman el matrimonio como las demás, y que su independencia económica les ayudaría a tener los mismos derechos que sus maridos.

Examinando el Código Civil francés de entonces, Rénaud lamentó que fue Napoleón quien provocó que los hombres tuvieran derechos infinitos sobre las mujeres, con sus reformas. “Si esto no cambia y no se corrige la Ley, la maldición de las mujeres en éste querido hogar puede ser abominable”. Aquí recuerda muchos artículos del Código, que vistos hoy en día dan vergüenza ajena.

Todo ello se muestra con las ilustraciones de Pénélope Bagieu, con su habitual dibujo suave y su humor entre ingenuo y satírico. En Francia se pone a la venta el 25 de febrero. Una manera diferente y a la vez instructiva de la evolución de la condición humana.