Por todos es sabido, que los niños, se pueden encaprichar con algún tipo de juguete, que aunque hay millones iguales, pues se fabrican en serie, si le cogen cariño al suyo, aunque se sustituya, para ellos, no puede reemplazarse. Y es que el lazo afectivo que pueden desarrollar con uno de sus juguetes, es casi tan fuerte como el que se puede tener con un animal domestico.

Pues esto debió pensar el padre que ocupa esta historia. Ingeniero de profesión y de personalidad, buen padre, más bien un padrazo, y claro si mezclas ambas cosas, está claro que su hija, sacará matrícula de honor en tecnología. Pero no solo será la que mejor haga los trabajos de tecnología, en su clase, sino que en caso de que uno de sus juguetes sufra algún desperfecto, estos tendrán a todo un ingeniero para solucionar el problema. 


Todo el que alguna vez, haya sido niño, recordará que juguetes eran los que más habitualmente se rompían, sí, los muñecos "totalmente articulados", que era como se anunciaban en televisión. Era esta virtud, en donde radicaba su mayor defecto, pues, a un niño, con esa mente de explorador que les caracteriza, no hacía falta que le dijeras nada más, "totalmente articulado", para que estuviera, moviendo incesantemente, pues eso, todas las articulaciones, con la consecuente rotura de alguna de estas. 


Pues bien, aunque esto es lo que les suele suceder a estos muñecos casi en el cien por cien de los casos, este no es el caso. Lo que sucedió en esta historia, es que el perro de la casa, un cachorro, aprendió que los muñecos no se comen, durante la ingesta del brazo de la Barbie que ocupa esta historia. El padre, que todo hay que decirlo, no es un padre, sino "superpadre", vio que todavía podía salvar la vida de esa Barbie, por lo que cogió una caja de lego, sus herramientas y empezó a construir una prótesis para la Barbie


Como buen ingeniero y mejor padre, el trabajo quedó perfecto, pues como siempre se dice, lo más importante para que algo salga bien, es el amor, y en este proyecto el padre ingeniero solo recibiría un pago en dicha moneda. Finalmente la Barbie volvió a disfrutar de un cuerpo, "totalmente articulado" y pese a las adversidades, la sonrisa de la muñeca nunca desapareció.