Thomas Piketty, que se ha hecho famoso en medio mundo con un libro que rompe con los tópicos para salvar la Economía mundial, ha provocado polémica en Francia al negarse a que le den la Legión de Honor, prestigiosa condecoración que el Gobierno francés da a personalidades mundiales que destaquen por sus méritos en la Política, las Artes, la Ciencia, etc.

No se le puede eliminar de la lista de candidatos, a no ser que haya un Decreto especial para ello, pero quedará como nominado, como en los César.

Francia está dividida en quienes piensan que ha hecho lo correcto y otros que creen que ha sido vanidoso. Cientos de personas respetables en su profesión han recibido la Legión de Honor desde 1802, instaurada por Napoleón.

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Y otras igualmente respetables la han rechazado, por diversas razones.

De nuestro país, la han recibido el cineasta Pedro Almodóvar (admirado allí mucho más que aquí), el músico Manuel De Falla, el tenor Plácido Domingo o el cantautor Joan Manuel Serrat. Otras personalidades extranjeras han sido el escritor Jorge Luis Borges, el cineasta Akira Kurosawa, el cantautor Bob Dylan o los actores Jerry Lewis y Charles Chaplin, todos ellos con un prestigio incontestable en Francia.

De personalidades francesas, también hay muchísimas respetables: el dibujante Albert Uderzo (el de Astérix), los cantantes Johnny Hallyday y Charles Aznavour, los escritores Alfred De Musset y Jules Verne o el científico Louis Pasteur.

Un premio que se tiene como sagrado si te dicen que lo vas a recibir, ya que para cualquier artista es como marcarte con la palabra Prestigio para siempre.

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Sobre todo para quienes se dedican a la cultura, que ven allí un reconocimiento que en sus países apenas tienen.

Pero no todos los artistas opinan igual. Otros de mucho prestigio y talento rechazaron la Legión de Honor en su momento. El diario Le Monde, en su edición online, muestra 12 casos conocidos, por ejemplo la gran escritora del siglo XIX George Sand, que le dijo al Ministro: "No hagas esto, querido amigo. No quiero parecer una vieja posadera".

O los dos genios de la Ciencia que fueron Pierre y Marie Curie, dando esta curiosa excusa: "En la Ciencia debemos interesarnos por las cosas, no por las personas".

O la pareja Jean-Paul Sartre y Simone De Beauvoir, lúcidos como siempre: "El escritor debe rechazar convertirse en institución".

Más tajante fue el gran cantautor Georges Brassens, que dedicó a la Legión de Honor una de sus inmortales canciones y la frase que sentenciaba: "La fatal insignia que no perdona", por no hablar de lo que su colega Léo Ferré decía en otra canción: "Esta cinta mísera y roja como la vergüenza en donde nunca habéis decidido 'empourprer' vuestra cara".

El peculiar cómico Coluche, muy popular en Francia y aun recordado, como buen cómico, fue más cáustico y surrealista que los anteriores: "Si me dan la Legión de Honor, iré a recogerla en calzoncillos para que no sepan en donde ponerla".

Otros la rechazaron por dignidad personal, como el ex ministro Philippe Séguin, como protesta porque su padre, muerto durante la II Guerra Mundial, no la recibió.

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La especialista en cáncer Annie Thiébaud-Mony protestó así contra los poderosos grupos industriales que explotan al trabajador. O el dibujante Jacques Tardi: "No me interesa, no lo pedí para nada y nunca pedí nada. No estamos contentos por la gente que no nos quiere".

No obstante, sigue conservando la Legión de Honor un prestigio que en otros países no tienen condecoraciones parecidas, y saben elegir bien.