Son las 10 de la mañana, en un despacho de cualquier ciudad española. Un psicólogo especialista en selección de personal le dice a un candidato a puesto de #Trabajo:


Vas conduciendo tu coche por una carretera a través de una tormenta infernal. En una parada de autobús te encuentras con una anciana a punto de morir, tu mejor amigo que te salvó de morir en el pasado, y la mujer de tu vida. Teniendo en cuenta que solo hay un lugar disponible en el coche, ¿a quién salvarías de esta situación extrema?


El candidato, sorprendido, empieza a valorar pros y contras. Si le hubieran planteado un problema técnico, que era lo que esperaba, hubiera respondido con decisión, pero ahora duda... Y al fin tras mucho deliberar da una respuesta temiendo que se la estén jugando.

Anticipo que no existe respuesta correcta o incorrecta. Entonces ¿qué buscaba saber el psicólogo con esto? Pues buscaba obtener información sobre el grado de creatividad de la persona que tenía delante, ni más ni menos. Y si lo hace es porque en la empresa para la que hay un puesto vacante quieren un trabajador creativo.


La creatividad es uno de los estandartes del actual reclutamiento laboral, pero en los centros educativos, presumible antesala de las oportunidades laborales, parece no cuajar todavía la idea. Desde psicólogos a directivos de grandes empresas, pasando por pedagogos de todo el mundo, expresan su descontento con un sistema educativo obsoleto en contraposición a un entramado empresarial que abraza este cambio.


Y es que tenemos divulgadores como Ken Robinson afirmando que "los colegios matan la creatividad" y tenemos numerosos estudios, como el publicado por la compañía Adobe, de donde se extrae que las compañías que valoran la creatividad tienen ventajas competitivas.


El citado estudio, encargado por Adobe y realizado por la consultora Forrester Consulting en 2014, buscaba determinar qué es lo que hace que una compañía tenga éxito. Pues bien, en dicha investigación se obtuvieron datos comparativos que decían que:
  • Mientras el 58% de las corporaciones que fomentan la creatividad aumentaron sus ingresos en un 10% o más, sólo el 20% de las que no la fomentan lo lograron.
  • Las empresas percibidas como fomentadoras de creatividad, cuentan con un 50% más de cuota de mercado que las que no son percibidas como tal.
  • Las compañías vistas como fomentadoras de la creatividad son juzgadas como mejores para trabajar por la mayoría de encuestados. Algo que repercute en la satisfacción del trabajador.



En conclusión parece ser que tenemos una gran fisura entre las aptitudes demandadas desde las empresas modernas y las potenciadas desde centros educativos. ¿Es por tanto adecuado que nos enseñen sólo a memorizar?

Y ya de paso, ¿qué podríamos hacer ante el dilema de la tormenta?



#Educación