Tras la abdicación del Rey D. Juan Carlos, saltó la noticia en distintos medios sobre varias demandas de paternidad contra el monarca. Una interpuesta por Albert Solà, ciudadano de Cataluña, que si prosperara podría convertirse en primogénito -y quizá debería de haber algún cambio en la Corona-; una segunda demanda por la ciudadana belga Ingrid Sartiau, que también reclama ser hija ilegítima del rey abdicado.

Ambas demandas, tras la pérdida de inviolabilidad del monarca como consecuencia de su abdicación y su posterior aforamiento, han sido trasladadas al Tribunal Supremo (TS) por los tribunales ordinarios. La Sala de lo Civil de este Alto Tribunal se reunió ayer, en Pleno, para decidir sobre cada una de dichas peticiones. Tras su examen, el Pleno de la Sala de lo Civil del TS ha decidido admitir a trámite la demanda presentada por Ingrid Sartiau para que se investigue la presunta paternidad de D. Juan Carlos, al considerar que existen indicios suficientes para someter al monarca abdicado a las correspondientes pruebas de paternidad. En cambio, ha rechazado la admisión a trámite de la petición presentada por Albert Solà, en cuya demanda había solicitado la exhumación del cuerpo de don Juan de Borbón, Conde de Barcelona, a fin de practicarse las pruebas de ADN si el #Rey Juan Carlos fuera inviolable.

En el primer caso, y según fuentes jurídicas, el TS entiende que concurren los requisitos legales para su admisión a trámite, señalando la jurisprudencia que es necesaria una mínima prueba fehaciente de la existencia de una relación amorosa entre las madres de los demandantes y D. Juan Carlos. Al parecer, han entendido que en una de estas demandas de paternidad, la presentada por la belga Ingrid Sartiau, sí se da esa prueba fehaciente: según Ingrid, su madre, Liliane Sartiau, conoció al rey en Francia en el año 1956, reencontrándose diez años después, en 1966, en Luxemburgo y, tras ese encuentro, después de 9 meses nació Ingrid.

Albert Solà también sostiene que el por entonces Príncipe Juan Carlos, conoció a su madre biológica, María Bach Ramón -hija de una conocida familia de banqueros de Barcelona- durante un viaje que realizó a esta ciudad a mediados de los años 50, y que fruto de una presunta relación amorosa entre ambos, nació Albert en 1956. Sin embargo, la Sala de lo Civil no ve prueba suficiente o fehaciente en su relato y, por ello, no la ha admitido a trámite.

Esta distinta valoración que se hace de ambas demandas, y teniendo en cuenta que unas pruebas de ADN indican que ambos -Ingrid y Albert- comparten progenitor en un nada despreciable 91%, puede suscitar dudas razonables sobre el verdadero motivo de la inadmisión de la petición de Solà: ¿se ha rechazado por insuficiencia de pruebas, como ha señalado el Pleno de la Sala de lo Civil del TS, o porque, en caso de admitirse y prosperar, supondría un cambio en la corona de España? Recordemos que sería el primogénito y, conforme al artículo 57 de la Constitución Española, "la sucesión en el trono seguirá el orden regular de primogenitura [...], siendo preferid[o] siempre [...] en el mismo sexo, la persona de más edad a la de menos". Por tanto, entre dos posibles herederos varones, el sucesor en la corona debería ser Albert Solà.

Abierto queda, pues, el debate.