Poco a poco vamos sabiendo algo más de lo que los poderes de este país habían ocultado durante décadas. Era tabú hablar de ello, sobre todo sabiendo el machismo tan característico de este país, que nada tiene que envidiar a ese que tanto condenamos de los talibanes o los ayatollahs.

Pues la escritora catalana, Consuelo García Del Cid ha contado en su libro "Las desterradas hijas de Eva" lo que sufrían aquellas mujeres. Ella misma fue una de ellas. Estuvo dos años en el reformatorio de Las Adoratrices. En la entrevista que le hace Publico.es, recuerda que Eva era un nombre mal visto durante la teocracia franquista, que las jóvenes que se salían de las normas no sólo acababan en reformatorios, sino incluso en manicomios.

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Desde madres solteras a quienes les diera la gana a los carceleros.

Las chicas presas allí no eran reconocidas como mayores de edad hasta los 25 años. Todo esto se ejercía de manera oculta y legal, hasta 1984, dirigido por órdenes religiosas. Todo para adoctrinar a las chicas que habían cometido "actos impúdicos" como ir a una manifestación, besarse con un chico en público, llevar falda corta, fumar en la calle, llevar bikini o contestar a su padre. El Patronato de Protección a la Mujer, que presidía Carmen Polo de Franco, la mujer del dictador, lo controlaba todo.

No suaviza nada Consuelo su descripción en el libro, donde las chicas que sufrían aquellas humillaciones eran incluso aisladas en habitaciones acolchadas donde se anulaba su voluntad. Si ellos querían, la reclusa iba de centro en centro, y el nuevo era aún más severo que el anterior.

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Sobre todo para evitar que ellas hicieran amistades con otras reclusas.

Algunas de esas órdenes religiosas eran Las Cruzadas Evangélicas o las Trinitarias. La moral que entendían significaba que todo era pecado. Muchos suicidios hubo entre las chicas, algo también silenciado. Y lo más terrible es que cuando se cerró por fin el Patronato en 1984, fue por la muerte de una interna en San Fernando. Todo lo de allí y otras cárceles de este tipo fue silenciado, oculto. La autora recibe amenazas de muerte por querer denunciar aquellas atrocidades.

La autora recuerda que ella acabo en el reformatorio, a los 15 años, por participar en una manifestación en defensa de Salvador Puig Antich. Y su odisea era de película de terror: el médico de cabecera de su familia le puso una intravenosa, se despertó en Madrid y ahí empezó su calvario. Le llegaron a decir que estaba endemoniada. Consiguió escaparse y gracias a una tía volvió a Barcelona y acabó en otro centro, menos severo, y un día le dejaron irse, por que el psicólogo vio que estaba perfectamente y no entendía por qué estaba allí.

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Al irse, juró a sus compañeras que un día contaría esta historia.

Cuando empezó a investigar, se le cerraron todas las puertas, incluso los que hablan a favor de la Memoria Histórica. O le llamaban loca, o decían que esto es peligroso. Y descubrió nombres ilustres e importantes involucrados en aquello, que siguen con cargos importantes, políticos sobre todo del PP sin perder estatus, etc.

Si miras otros países, cosas así eran investigadas y sus responsables eran detenidos, o al menos juzgados e incluso atacados. La película irlandesa "Las hermanas de la Magdalena" denunciaba algo parecido, y la Iglesia irlandesa tuvo que pedir perdón por cómo trató a aquellas chicas. Algo que la Iglesia española no quiere hacer. Sólo se atrevería el mundo a hacerlo si las víctimas hubieran sido judías. #Educación