En una iniciativa, a todas luces, discriminatoria, el Ayuntamiento de Marsella, junto con los servicios sociales, obliga a las personas sin hogar a portar un distintivo de identificación en unas tarjetas que deberán mostrar, si les fuese requerido.

En dichas tarjetas figura un triángulo amarillo, al que le falta poco para asemejarse a la marca utilizada por los nazis, figuran datos personales y posibles enfermedades que puedan padecer los que viven en la calle. No se han hecho esperar las críticas de miembros por los derechos humanos que las comparan al símbolo que identificaba a los judíos durante la segunda guerra mundial.

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El presidente de la organización Collectif Morts de la Rue ('Colectivo muertos de la calle'), Christophe Louis, lo considera un escándalo que estigmatiza a los menos afortunados, amén de violar el derecho de la "confidencialidad médica", y pisotea la dignidad de la persona. Marisol Touraine, representante del Gobierno francés en Asuntos Sociales, en este sentido, ha reconocido abiertamente su rechazo a esta iniciativa local y expresa su deseo de abortarla.

Realmente, los de arriba, siempre mostrando su lado más paternalista, aseguran que el objetivo principal es acelerar la atención sanitaria a todas aquellas personas sin hogar. Algo, que muchos, a estas alturas, no llegamos a creernos. Cualquier ciudadano que deambule por la calle es susceptible de sufrir un repentino infarto, y no por ello han de llevar encima todo su historial médico.

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Señores, excusas, las precisas.

Se calcula que ya son más de cien, las tarjetas distribuidas con el aberrante distintivo. Es por ello que, el pasado miércoles, personas sin hogar y colectivos pro derechos humanos se concentraron frente al Ayuntamiento de Marsella en protesta por esta iniciativa que, sin duda, ya está trayendo polémica, aunque, el teniente alcalde, Xavier Mery la considere absurda y escandalosa.

Según Mery, cualquiera de estas personas es plenamente libre de elegir llevarla o no. Añade que, muchas de ellas, suelen carecer de carné de identidad porque, con bastante frecuencia, les son robados. Como le puede ocurrir a cualquier ciudadano, añado yo. De cualquier modo, el Ayuntamiento de Marsella sigue intentando crear una tarjeta diferente que no despierte sensibilidades. Es de esperar que el Gobierno francés ponga fin a esta iniciativa, que parece llevarnos en un viaje de retorno al pasado.