Una de las limpiadoras que trabajan para la institución encontró un móvil en el interior de un envase de zumo de 200 ml, justo al lado del retrete, y dio parte al decanato. La Policía Nacional ha sido la encargada de llevar el caso y no ha revelado la identidad de la empleada que halló la cámara. Fue el propio decano de la facultad el que denunció el hecho a los responsables de la Jefatura Superior de Policía de Extremadura.

La investigación, que ha sido llevada a cabo por agentes de la Delegación de Participación Ciudadana y de la Brigada de Policía Judicial de la Jefatura Superior de Policía de Extremadura, no fue muy dificultosa.

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El móvil se encontró sin batería, y cuando al fin pudieron encenderlo y rescataron las imágenes cercioraron que dos mujeres habían sido grabadas mientras hacían sus necesidades, pero no sólo eso. El propio autor de las grabaciones se había autograbado mientras dejaba la cámara. La identificación fue fácil e inmediata, se trataba de un alumno de la propia facultad, de 40 años que va a ser imputado por un delito contra la intimidad y la propia imagen. Los agentes han registrado la vivienda del individuo en cuestión en busca de más grabaciones.

Por desgracia este tipo de delitos, que tanto fomentan el miedo entre las mujeres no están vistos por la sociedad como demasiado graves, y las penas de prisión que les otorgan a los culpables suelen ir de 1 a 4 años de prisión, aunque en muchos de los casos siempre es el mínimo.

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Como en el caso de Daniel D.C. juzgado en Zaragoza el año pasado, la pena de prisión para este fue de un año y también se le condenó a una multa de 1.080 euros, pese a que en su teléfono móvil fueron hallados 199 videos de mujeres haciendo sus necesidades. Daniel no tenía antecedentes así que pagó los mil euros y no fue a prisión.

Yo personalmente me pregunto si no sería necesario un control mayor y unas penas mayores para este tipo de delitos, que aunque no son de una gravedad extrema, son indicadores de una filia que puede degenerar en que el individuo siga atentando contra la intimidad de más personas, y cada vez de forma más grave; y sobre todo, obligar al condenado a recibir tratamiento psicológico.



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