¿Qué les pasa por la mente a los extremistas como los del pasado domingo? Esto es lo que han explicado a EFE el doctor en Psicología de la Universidad Carlos III de Madrid, Guillermo Fouce, y Patricia Ramírez, psicóloga de salud y deporte.

Para los dos entendidos de la materia, lo que mueve a los jóvenes (y no tan jóvenes) a adentrarse en peligrosos ambientes de ideologías extremas, se trata de la motivación generada por el eventual encaje en un nuevo grupo social al que califican de superior, así como la permanente búsqueda de poder. En boca del doctor Fouce:

“Se animan y retan unos a otros hasta llegar a hacer cosas que no se atreverían a hacer solos. El colectivo reparte beneficios entre los más violentos, de tal manera que el que muestra mayor violencia tiene un estatus mayor”.

Para la experta, el convencimiento de que se están llevando a cabo estas acciones a fin de defender al equipo del que son hinchas, es clave. Estos grupos aprenden por repetición, llegando al punto que les parece una conducta corriente dejando de cuestionarse planos éticos y legales.

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Estos actos violentos o vandálicos suelen ser perpetrados por personas con ciertas carencias de personalidad, inseguras o débiles psicológicamente, impidiendo al sujeto razonar la distinción entre los impulsos y los comportamientos socialmente admitidos, nublando la vista y las consecuencias.

A este respecto, han destacado la importancia de discernir entre las conductas individuales y aquellas realizadas en grupo (o masa), para estos últimos, los alicientes también suelen ser de carácter ideológico, amparado por el anonimato de la multitud, además de los propagandistas o dirigentes que actúan en la sombra siendo al mismo tiempo los más poderosos de las organizaciones, como podemos visionar en la obra maestra del cine American History X, donde Edward Norton, trata de salvar a su hermano menor (Edward Furlong) de los engaños de Cameron Alexander (Stacy Keach), líder de un grupo neonazi que trata de instrumentalizarlo.

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