"La primera vez que me transformé fue en la montaña de Couso. Me encontré con dos lobos de aspecto feroz. De pronto me caí al suelo y comencé a tener convulsiones y a retorcerme sin control: en unos segundos yo mismo era un lobo. Estuve merodeando cinco días con los dos lobos hasta que volví a mi cuerpo, el que usted ve ahora, señor Juez. Los lobos que venían conmigo pensaba que sólo eran animales, pero también eran humanos. Eran dos valencianos que se llamaban Antonio y Genaro. Tenían la misma maldición que yo. Juntos, atacamos a varias personas porque teníamos hambre".

Esta es la declaración de Manuel Blanco Romasanta que recoge el juzgado de Allariz (Ourense) tras haber sido acusado de matar a 13 personas. Manuel Blanco Romasanta está considerado como uno de los primeros psicokillers españoles y ha pasado a la historia con el sobrenombre de "El Hombre Lobo de Allariz". Nació el 18 de noviembre de 1809 en la aldea gallega de Regueiro.

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Su vida era la de una persona normal y su retrato robot no muestra a una persona con desequilibrios. Incluso trabajaba como sastre, sabía leer y escribir y estaba casado. Pero su vida cambió drásticamente al quedarse viudo.

Se dedicó a la venta ambulante por toda Galicia y su fama de asesino comenzó con un supuesto asesinato a un alguacil de Ponferrada. Romasanta fue condenado, pero consiguió huir. Pronto comenzó a surgir el rumor en los pueblos de Galicia, donde se hablaba de un personaje que mataba a mujeres y niños en los bosques de Redondela y Argostios. Tras asesinar a sus víctimas, fabricaba ungüentos con las grasas de las mismas, que luego vendía.

Las autoridades comenzaron su búsqueda por toda España. Finalmente fue detenido en el pueblo toledano de Nombela y llevado hasta a Allariz para ser juzgado. Romasanta fue acusado en el año 1853 de sacar las grasas a sus víctimas para hacer untos (conocido como "sacamantecas").

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En este juicio, el acusado aseguró ser víctima de un "mal de ojo" lanzado por una bruja. Este sortilegio hacía que se convirtiese en "hombre lobo" cada noche de luna llena y perpetrara aquellos asesinatos. La condena a Romasanta dictaba garrote vil y el pago de 1000 reales por víctima (13 en total), pero la intervención de un hipnólogo francés que argumentó que el reo podía padecer licantropía, hizo que Isabel II le redujera la pena a cadena perpetua.

Manuel Blanco Romasanta murió en 1854, no se sabe si en la prisión de Allariz o en el castillo de San Antón (A Coruña). Pero su historia aún se cuenta en los lugares más rurales de Galicia, donde hubo un tiempo que un hombre realizaba sus "nocturnas excursiones" por los bosques, matando a sus víctimas a la luz de la luna llena. #Televisión #Telecinco #Facebook