¡Qué poquito ha faltado y qué cerquita se ha quedado de convertirse en la próxima ganadora de #Gran Hermano! Lo que ha sucedido con Meritxell en la última semana es digno de estudio convirtiéndose en un perfecto caso de estudio para una Tesis bajo el nombre: 'Cómo tirar a la basura cualquier opción de ganar 100.000 euros en siete días'.

Y es que eso es precisamente lo que ha conseguido hacer la catalana en una recta final de concurso aciaga donde, después de que todas las encuestas la dieran como clara favorita al triunfo junto a Bea, en un final de infarto en el que nadie sabía qué podía pasar, haya dilapidado cualquier de sus opciones sacando a relucir su peor cara, la de chica maleducada de barrio, ante toda España.

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Hablamos, como no, de la asquerosa venganza que esta decidió tomar por su cuenta ante Miguel, quien después de haber estado resfriado durante toda la semana había llenado la cama de pañuelos, restregando los mocos de este por la almohada donde debía dormir el gallego, en una broma que parece sólo le ha hecho gracia a ella misma.

Una actitud 'guarra', con o sin comillas ateniéndonos a la definición de la RAE, que le ha supuesto la reprobación tanto de sus propios compañeros y ex compañeros de concurso, como de la dirección del reality show decano de la televisión española a quien no ha gustado nada su gesto, por no hablar de las redes sociales y la audiencia. La que vota, y la que podía hacerla ganadora que ahora parece haber vuelto a colgar el teléfono que llevaba su número de finalista.

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Sin duda, la cercanía de la Gran Final del programa que presenta Jorge Javier Vázquez, se empieza a notar en la casa y en la actitud de los concursantes que, mientras algunos tratan de evitar aparecer en los enfrentamientos como protagonistas para asomarse al papel de salvadores de la patria, otros como Meri se lanzan a la piscina creyendo que ese tipo de actuaciones infantiles le pueden acercar a un tipo de público que parece no existir mayoritariamente en GH17. Sus opciones se han fulminado.