La cueva de Altamira se encuentra a dos kilómetros del municipio cántabro de Santillana del Mar. El origen de esta cueva se remonta entre 13.000 y 15.000 años antes de Cristo. No es de grandes dimensiones, pero los tesoros que albergan son de incalculable valor.

A pesar de su milenaria existencia, no fue descubierta hasta 1868, cuando el cazador Modesto Cubanillas descubrió una gruta y dio cuenta de su hallazgo a Marcelino Sanz de Sautuola, un aficionado al estudio de los orígenes del hombre y que realizaba sus propias excavaciones en otras cuevas de la provincia.

Marcelino no entró en la cueva hasta 1875 y no la dio importancia hasta cuatro años después, cuando entró en ella junto a su hija María.

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Su intención era buscar restos humanos y objetos. De repente, vio su hija gritó "¡Mira, papá, toros!". El padre, asombrado, vio en el techo de aquella cueva unas enigmáticas figuras de bueyes.

Sanz de Sautuola, al descubrir aquellas figuras pinturas rojas de animales, publicó Breves apuntes sobre algunos objetos prehistóricos de la provincia de Santander donde daba cuenta del increíble descubrimiento. Pero la comunidad científica francesa, pionera en la investigación de la Prehistoria, le dieron la espalda: Cartailhac y Mortillet no le creyeron y Harlé insinuó que las pinturas de Altamira las había realizado su propio descubridor.

El descubridor de Altamira murió sin ser reconocido. Solo unos años después de su fallecimiento, Cartailhac, al corriente de hallazgos similares acontecidos en Francia, publicó su conocida Mea culpa de un escéptico en 1902 en la que decía que Marcelino Sanz de Sautuola tenía razón: el hombre prehistórico realizaba auténticas obras de arte en sus refugios.

La sala de Altamira, cuyo techo alberga las más bellas figuras rupestres del arte cuaternario, mide 18 metros de largo por 9 de ancho.

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Los autores de las pinturas tuvieron que hacerlas tumbados por la poca altura. El suelo se rebajó para que los visitantes pudieran acceder al recinto.

El animal más representado es el bisonte y de formas muy variadas, aunque también existe el dibujo de una cierva. Los pigmentos utilizados hacen que resalten las figuras. Además se utilizan las propias ondulaciones de la cueva para dar volumen escultórico a las pinturas.

Los investigadores no se ponen de acuerdo respecto a su significado. Lo que sí se sabe es que Altamira, como describió Ángel García Guinea, es "un latido hecho piedra del gran misterio que llena todas las cosas; misterio de la conciencia y del ser del Hombre; misterio, en fin, de la vida y la muerte".

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