La actual edición de Gran Hermano no está teniendo la misma fuerza que las temporadas anteriores. Si bien sus galas son seguidas por una media de 2 millones de espectadores, los datos están bastante alejados de los obtenidos en "GH16" o "GH15". Muchos achacan la huida de espectadores a la llegada de Jorge Javier Vázquez, pero son muchas las razones que han podido hacer que el reality pierda seguimiento. A continuación analizamos algunas de ellas.

Cambios:

#Gran Hermano lleva 17 ediciones a sus espaldas, sin contar las VIPS y los reencuentros, por lo que es lógico que apuesten por cambios que sorprendan al espectador. Pero los cambios deben introducirse con cuentagotas y no todos de repente, ya que el público que estaba acostumbrado al formato Gran Hermano no puede encontrarse con otro completamente distinto de la noche a la mañana porque acaba desconectando de él.

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No encuentra en el programa aquello que le gustaba. Por mucho que después le puedan gustar algunas de las novedades, siempre tiene que tener algo viejo a lo que aferrarse.

Con la marcha de Mercedes Milá del programa, el cambio de presentador era un cambio lo suficientemente importante como para no modificar nada más. Jorge Javier Vázquez llegaba para quedarse y el espectador tenía que acostumbrarse a su forma de trabajar. Por lo tanto, cambiar el logo, la escenografía e incluso ligeramente la sintonía han podido hacer que el espectador no se acabe de encontrar en el programa.

"Tu momento" y los colores

En sus últimas ediciones, Gran Hermano ha trabajado con leitmotivs que han logrado enganchar a la audiencia: dale la vuelta, se vive en compañía, GH16shhh... Este año se anunciaba como la edición de "Tu momento" pero no han acabado de vincular ese concepto a las tramas, al juego...

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Se ha quedado en un intento y lo han dejado pasar por alto.

Y después está el papel de los colores. Anunciaban con ellos la revolución y después casi ni se ha hecho referencia a ellos. Una idea muy buena podía haber sido que cada semana los concursantes se tuvieran que dividir en grupos para la prueba semanal y que se tuvieran que organizar bajo un color. Así, el color perdedor de la semana correría un castigo (sólo se nomina a los miembros de ese grupo, ese grupo pierde el derecho a nominar) o el grupo ganador tendría un privilegio (no podrían ser nominados, nominan con doble puntuación, etc.).

El club de GH:

El tema de privilegios y castigos lo han introducido a través del club, pero muchos seguidores del formato no acaben de entender su funcionamiento por ir en contra de la esencia del reality. Los miembros del club tienen un trato diferente al resto pudiendo alimentarse a pesar de perder la prueba, conocen las nominaciones de cada uno e incluso pueden modificar la lista final de nominados con el propósito de salvarse.

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Si muchos ya se despegaron de GH por abusar de las nominaciones a la cara de GH16, menos ha gustado la introducción de este juego que deja, de vez en cuando, grandes momentos para la historia del reality.

Estrategias fallidas:

Esta edición ha intentado reinventarse con ideas que después han resultado fallidas. Un contraclub que no pasó de dos horas, una repesca que se saldó con la expulsión disciplinaria del repescado a los tres días, o incluso una caja con una vida extra que devolvía a la casa a su portador y con la que finalmente regresó a la casa una concursante a la que se la regalaron.

Ojalá el programa aprenda de estos fallos y nos regale en GH18 la mejor edición de la historia.