Nota: 7 de 10.

El caso de O.J. Simpson, jugador retirado de la NFL, fue el juicio mediático más importante de la historia. La relevancia de su acusado, que en aquellos momentos era una de las caras más queridas y aclamadas por el público, generó un seguimiento sin precedentes que aún hoy en día es fuente de interés debido a su impacto mediático. El desarrollo del proceso con sus rocambolescos giros suponían ser fuente suficiente para un proyecto de ficción tan galardonado como el aquí presente. Sin embargo, sus creadores (Scott Alexander y Larry Karaszewski) no se limitan a aprovechar estos hechos, sino que los concretan dentro de una obra con un mensaje dramático claro, contundente y sumamente actual.

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Circos mediáticos y racismo

Los guionistas de la serie desarrollan sus textos teniendo en cuantos las temáticas esenciales que envuelven su historia. Esta comprensión favorece un trabajo directo en el que ya desde la primera escena se muestra una sociedad en conflicto a causa de los problemas raciales; conflicto que aún hoy en día persiste. Sin embargo, este no es el tema principal de la obra, sino que se trata del rasgo definitorio del mundo que trata. Por otro lado, la manipulación mediática y la importancia de las apariencias son los aspectos trascendentales. A través de los capítulos, los autores construyen dando relevancia no sólo a sus participantes, sino al eco de las audiencias y los medios; todos ellos víctimas de una lucha entre la realidad y lo aparente en el que la importancia del segundo realza el problema de la sociedad actual.

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El reparto

La claridad dramática viene también de la mano en la representación de los personajes de la historia. A pesar del gran número de participantes, todos consiguen un espacio dentro de esta ficción en el que consiguen brillar por si mismos. Las actuación de John Travolta como Robert Shapiro, abogado que es todo fachada, se muestra como un contrapunto perfecto con el idealismo de la siempre camaleonica Sarah Paulson.  La relevancia de cada uno en sus respectivas tramas no hace más que reafirmar la relevancia de esa contienda simbólica entre apariencias y justicia.

Sin embargo, la serie no se deja llevar por esta dualidad y presenta otras personalidades que complejizan los rasgos de su elenco. En este caso, cabe señalar como destacado ejemplo a Johnie Cochcran, interpretado brillantemente por Courtney B. Vance. Este abogado es retratado como un hombre consciente de una realidad que se aprovecha de las fallas de la misma para mejorar el mundo. A diferencia del resto, que utilizan el tema racial como un método para manipular a la opinión pública, Cochcran explota este circo mediático para procurar un impulso en la lucha por los derechos civiles. 

Únicamente, entre todo este reparto de estrellas, puede menospreciarse la contribución de Cuba Gooding Jr. Aún cumpliendo con su cometido, el actor no consigue ni procura brillar con su representación del afamado jugador de football.

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Conclusión

La primera temporada de American crime Story es una apasionante crítica social envuelta en uno de los casos más interesantes de la década de los 90. Una obra de ficción que engancha desde su piloto y de la que la audiencia no puede apartarse hasta su resolución; punto en común con el que también coincide con el proceso judicial en que está basada. #americancrimestory #Hollywood #Netflix