La pelea por el Título Universal en Hell in The Cell nos dejó un sabor agridulce. Solamente el concepto de la misma fue digno de admirar, teniendo en cuenta la baja capacidad que generalmente muestran los writters de la #WWE. Sin embargo, su final abrupto nos privó de lo que pudo ser un espectáculo de mayores proporciones.

Todo comenzó con un dudoso Kevin Owens, el cual estaba por entrar a su primera lucha con formato de “Jaula Infernal”. Después de mostrar algunas dudas, él mismo se envalentonó y entró al cuadrilátero. Sin duda, Owens es un experto en contar la historia de una lucha, incluso con sus gestos corporales.

El que sí entró decidido y desafiante fue “el arquitecto”, Seth Rollins.

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La lucha comenzó con un ritmo similar al de todas las luchas protagonizadas por ambos gladiadores. Pero luego, la historia alcanzó un pico muy alto, aunque todo terminó demasiado rápido.

Kevin Owens roció al árbitro con un extintor

El ataque más controvertido no lo recibió ninguno de los contrincantes, sino el árbitro. Esto ocurrió cuando Kevin Owens se apoderó de un extintor de fuego y roció, no solo a su rival, sino al árbitro. Al principio no tenía sentido y parecía otra excentricidad del “Show de Kevin”.

Sin embargo, luego vimos como todo era parte de un elaborado plan. Una vez rociado en los ojos, el árbitro principal tuvo que salir de la jaula, dejándola abierta. En este mismo instante entró el “mejor amigo” de Owens, Chris Jericho, para sellar la celda y dejar a Seth Rollins en desventaja 2 contra 1.

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El movimiento era muy válido: a pesar de la presencia del árbitro auxiliar, la lucha estaba pactada para que no tuviera una descalificación. Aunque por momentos Seth fue capaz de defenderse de los ataques rapaces de los canadienses, al final la superioridad numérica surtió efecto.

La historia fue contada muy bien por los tres luchadores. Sin embargo, todo terminó rápidamente y de forma brusca. Owens retuvo el campeonato y ahora nos tocará ver qué ocurre con este feudo.

Puntos a favor

La rociada de Kevin Owens y la participación de un renovador Chris Jericho marcaron los ritmos de la lucha. Fue innovador ver que uno de los luchadores afectara  directamente al árbitro, sin poder ser descalificado.

Por otro lado, se refuerza la amistad entre Owens y Jericho, dejando en ascuas al espectador sobre cuando se dará la esperada traición de “Y2K”. Algunos pensábamos que esta joven amistad iba a acabarse durante la lucha.

Puntos en contra

Algo muy negativo fue que no vimos los movimientos peligrosos a los que estamos acostumbrados en un Hell in The Cell.

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Seguramente, las divas darán un espectáculo más trepidante. Aquí lo único que hubo fueron rostros estampados contra de las rejas.

Esperábamos ver a un Kevin Owens guidándose por primera vez en una jaula. Quizás los kilitos de más del luchador jugaban la mala pasada. Pero lo peor fue sin duda la corta duración de la pelea, la cual rompió el ritmo que había logrado alcanzar luego de la entrada de Jericho.

Por todo el careo que hubo entre ambos luchadores, esperábamos que ambos dieran una lucha larga, ya que ambos prometían lesionarse. Nada de eso pasó y por eso creo que WWE quedó en deuda con el público presente.

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