Con el sol a nuestras espaldas y con los pies envueltos en tierra limpia y fresca, nos sumergimos en un lugar pintoresco, lleno de tradición, sabiduría y honradez. Nos encontramos en Lebrija, tierra de vino, de algodón, de marisma y sobre todo lugar de gente humilde. Un pueblo anclado en el término del Bajo Guadalquivir, bajo el manto del paso del río que recorre Andalucía entera, el río Guadalquivir.

A caballo entre la provincia de Sevilla y la provincia de Cádiz, Lebrija es un pueblo sevillano orgulloso de su pertenencia a esta ciudad, reflejado en su réplica a la Giralda de Sevilla, la Giraldilla. Andar por sus calles resulta acogedor y el encanto de su gente envuelve en un paraíso que podemos disfrutar con todos los sentidos.

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Vista desde fuera, Lebrija cuenta con 27.395 habitantes según el último informe del Instituto Nacional de Estadística (INE) del 1 enero de 2013, por tanto, es considerada como ciudad.  Situada a 78 kilómetros de la capital andaluza, el pueblo se encuentra enclavado en las marismas del Guadalquivir, junto a otros municipios como Jerez de la Frontera, El Cuervo de Sevilla, Las Cabezas de San Juan o Trebujena.

Pueblo de arte y monumentos emblemáticos

Dejamos atrás las afueras del pueblo hispalense y nos adentramos de lleno en sus rincones, en su gentío y en su armazón, penetramos en los monumentos más importantes de Lebrija. Sin duda alguna, es un auténtico lujo poder disfrutar de las vistas que ofrece el altar de la Parroquia de Santa María de la Oliva y sin dudarlo nos introducimos en este templo promovido por Alfonso X El Sabio y construido en 1564.

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Sobre el altar mayor de esta, subimos y nos encontramos con unas afortunadas vistas, pues junto a esta se encuentra la Giraldilla, hija de la Giralda de Sevilla, ya que su arquitecto fue el que hizo la fábrica de tabacos y se inspiró en la Giralda. 

La esencia de las fiestas y sus artistas como motor del pueblo

En Lebrija la sangre de la Semana Santa se lleva en las venas, devotos desde pequeños de esta fiesta popular y en donde agrupa a todos los lebrijanos para conmemorar así la pasión y muerte de Jesús. Algunas de las hermandades más significativas son las de la Hermandad de la Humildad, la Hermandad de los Dolores y la Hermandad de la Vera Cruz entre otras. 

Dejando atrás el mes de la Semana Santa y adentrándonos en mayo, otra fiesta popular atractiva en la localidad y que sin duda alguna la hace más única aún son las “Cruces de Mayo”, celebradas en los primeros fines de semana de este mes en la localidad. En julio, la magia del cante gitano envuelve a la localidad con la “Caracolá Lebrijana”, este año la XLIX edición logró que los lebrijanos sintieran una vez más el arte del flamenco con artistas como Vicente Peña, José Bacán o Inés Bacán entre otros. 

Lebrija es conocida por sus fiestas, por su arte y por sus monumentos, pero aún nos queda lo más importante, la esencia del pueblo, su gente.

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Lebrija puede llamarse dichosa de poder tener a grandes artistas de gran talla como hemos visto con Inés Bacán. Lebrija posee grandes cantaores como Juan Peña “El Lebrijano” o Curro Malena, y escritores como Ricardo Rodríguez Cosano entre otros.. Aunque hay uno que destaca por encima de todos y resulta ser el más significativo, Elio Antonio de Nebrija. Humanista español que fue pionero en la redacción de la primera gramática española. 

Lebrija es tierra de humildad, tierra de sentimiento por el orgullo de ser lebrijano, tierra de artistas, lugar de nacimiento del andaluz, sin ella no hablaríamos este dialecto como lo hablamos hoy en día. Terminamos nuestro recorrido viendo a una Lebrija llena de pasión y llena de gentileza, como si de nuestra familia se tratase. Sus gentes y su entorno la hacen especial.

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