“Los porcentajes de #Alimentos desperdiciados en cada fase de la cadena alimentaria varían mucho de unos países a otros y, especialmente, de unos continentes a otros. Mientras que el desperdicio de alimentos en los hogares es muy bajo en África (unos 6 kilos por persona al año), es muy alto en los países desarrollados.

El patrón de consumo de los países ricos es una de las causas del desperdicio. Nos cuesta planificar bien las compras que realizamos. Vamos a los supermercados sin pensar con anterioridad lo que necesitamos y nos dejamos llevar por promociones y por la publicidad”, asegura la responsable del departamento de sensibilización de Prosalus.

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“Muchos consumidores no saben interpretar correctamente el etiquetado, confunden la fecha de producción, la fecha de consumo preferente o la fecha de caducidad, y acaban desechando alimentos que son perfectamente comestibles y saludables. En la mayoría de hogares se ha perdido la costumbre de aprovechar las sobras, o cocinar lo que ya se tiene antes de comprar más alimentos. Nos parece ilógico comer lo mismo durante dos días seguidos. En ocasiones no se conocen o usan bien los procesos de conservación de los alimentos como la congelación.”

Laura cree que en la actualidad los alimentos han perdido su valor, “ahora tirar un tomate no supone gran problema. Pero debemos pensar que detrás de ese tomate hay muchos recursos para producirlo (agua, tierra, energía), trabajo, CO2 expulsado a la atmosfera en su producción y transporte”.

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