Ciertos #Alimentos, que saben,son casi en peligro de crear dependencia. Algunos, en particular, son "una conduce a la otra", así como con las patatas fritas en una bolsa. Pero tenga cuidado, ya que no podía ser del todo culpa nuestra si no nos podemos detener! Un estudio publicado por un grupo de investigadores australianos de la Universidad de Deakin del Journal of Nutrition muestra que depende de la cantidad de sal presente.

Un pecado que crea dependencia 

El mayor pecado de garganta dependerá sólo de la sal que hace que se come más, de tragar tantos como 11 por ciento de las calorías. Por lo tanto, los alimentos grasos son más apetecibles de la otra sólo para la adición de sal o azúcar.

Los investigadores australianos, en particular, han señalado con el dedo a las habitaciones, lo que sería uno de los principales factores de riesgo de la obesidad, independientemente del consumo diario de calorías. 

La investigación ha examinado una muestra de 48 personas sanas a las que se propuso para comer una vez a la semana durante un mes un plato de pasta, que siempre tiene la misma apariencia a excepción de las diferentes dosis de sal y grasas presentes. Los caudales se distinguieron por ser baja en sal y/o grasa o alta contenido en sal y/o grasas. Cada vez que la personas tenìan la comida, los investigadores midieron las reacciones de los clientes en base a los siguientes parámetros: placer, de hambre y satisfacción.

El estudio reveló que la adición de sal a la olla aumentaría en las personas una sensación de placer combinado con un aumento en el hambre que llevó a los invitados a comer más, aproximadamente un 11% más, aparte de la parte superior o baja grasas que se encuentran en los alimentos.

Encontrar a alguien que no le gustan las patatas fritas en una bolsa es realmente difícil. Igualmente difícil es comer una y dejar el paquete sin cortar. No sólo los niños les encanta, pero también a los adultos no pueden evitarlo con aperitivos y los partidos pequeños, sino también con sólo ver una bolsa abierta para poner su mano en un broche de presión. Tanto es traer a un grupo de investigadores australianos en Deakin para hacer un estudio real, para entender lo que se deriva principalmente de esta tentación irresistible para comer uno tras otro.