Hay diferentes tipos de productos destinados a la limpieza del rostro. Utilizaremos uno u otro según el tipo de piel y las preferencias personales. Estos son los productos que deberíamos emplear para cuidar nuestra higiene facial.

Leches limpiadoras: Son emulsiones poco viscosas que disuelven las grasas y la suciedad acumulada en la piel, respetando su integridad. Se aplican en la cara con la ayuda de un algodón o disco desmaquillante, seguidamente se retiran, y opcionalmente se aplica un tónico. Se utilizan en pieles normales, mixtas o secas

Tónicos: Tienen un efecto vasoconstrictor y acción refrescante. Están formulados con componentes específicos como esencias y extractos vegetales de diferentes plantas medicinales que aportan los principios activos responsables de la acción.

Según el tipo de piel, hay tónicos suavizantes, calmantes, astringentes, ...

Jabón: Podemos encontrar de líquidos o de sólidos (pastillas) y son los limpiadores más comunes. Están formados por sales de sodio, potasio o grasas animales o vegetales. Limpian la piel arrastrando las grasas y la suciedad. Estos productos se aplican encima de la mano, se frota y se extiende sobre la piel humedecida con agua tibia. Se hace un masaje en todo el rostro y luego se enjuaga con agua abundante y fría para tonificar la piel y cerrar los poros. Hay jabones para pieles normales, mixtas o grasas. No se aconsejan para pieles secas ya que pueden secarse aún más.

Mascarillas: Son mezclas más espesas que se aplican sobre el rostro en una capa más o menos fina, se deja actuar unos 5 minutos, y al evaporarse sus componentes líquidos, se endurece y se adhiere a la piel.

Con las mascarillas, las secreciones sebáceas son arrastradas, destapando los orificios y eliminando las células muertas y las impurezas que se acumulan sobre la piel. Están indicadas en pieles grasas o mixtas.

Desmaquillante de ojos: Son lociones específicas que contienen el ph adecuado para el ojo para evitar irritaciones. Además suelen arrastrar el maquillaje.

Exfoliantes: Son productos para una limpieza profunda, para eliminar células muertas que quedan en la superficie de la piel. Están formados por unas partículas muy pequeñas que absorben la grasa y reducen los brillos. Primero se recomienda lavar la cara. Seguidamente hay que aplicar el producto sobre el rostro húmedo con agua tibia y exfoliar cuidadosamente. Se debe evitar el contacto con los ojos. Finalmente enjuagar la cara con agua. Se recomienda repetir la operación una vez por semana en pieles normales o mixtas y una vez cada 15 días en pieles secas. No se recomienda en pieles acneicas con granitos de pus por riesgo de sobreinfección.

En resumen, los productos destinados a la limpieza del rostro es necesario que respeten las características de la piel, no induzcan efectos irritantes ni sensibilizantes y tengan propiedades detergentes que respeten el equilibrio lipídico. #Calidad de vida #Mujer