A punto de celebrar esta marcada fecha, San Valentín, y como dice una conocida canción, el amor está en el aire. Sin embargo, igual que unos asocian esta celebración con el amor, para otros sigue siendo un sinónimo de estrés. ¿Reservo mesa en un restaurante o preparo una cena romántica en casa? ¿Qué regalo le compro? ¿Se acordará o no se acordará? … pues bien, esta delgada línea que existe entre el amor y el estrés podría ser de gran importancia para su salud.

Es conocido, desde hace varias décadas que enamorarse produce la liberación de endorfinas, las hormonas de la felicidad. Fue el psiquiatra Michael Liebowitz quien a principio de los años 80 en su libro "La Química del Amor" desvelaba las bases bioquímicas y neuroquímicas que estaban detrás de eso que conocemos como amor.

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Las endorfinas, sustancias opioides, son liberadas por las neuronas del hipotálamo y, después de su liberación, producen una sensación placentera y de bienestar.

Pero no fue hasta finales del año pasado cuando un grupo de investigación noteamericano demostraba el mecanismo por el cual la β-endorfina, una de las 20 endorfinas que produce nuestro organismo, era capaz de impedir el crecimiento y la progresión del #Cáncer. Para ello transplantaron neuronas que producían β-endorfina en el hipotálamo de ratas de laboratorio y observaron que en las ratas implantadas se reducía la incidencia del cáncer de próstata y de mama. Estos resultados fueron publicados en la revista Cancer Prevention Research a finales de noviembre de 2014. Según estos investigadores, la β-endorfina es capaz de combatir uno de los grandes enemigos de nuestra salud, el estrés.

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Parece ser que el efecto preventivo del cáncer por esta molécula está mediado a través del sistema inmunitario; así, la β-endorfina es capaz de aumentar la actividad periférica de los macrófagos y las células asesinas (killers) que, tras su activación por este péptido opiáceo, liberan altos niveles de citoquinas anti-inflamatorias que inhiben la promoción o generación del tumor.

Según este estudio cualquier actividad que genere endorfinas podría ser de utilidad para prevenir el cáncer y, por lo tanto, enamorarse estaría entre una de ellas. Sin embargo, si usted no es muy enamoradizo o no ha encontrado aún su media naranja, no se preocupe, hay muchas otras actividades que llevan a la liberación de endorfinas por nuestro organismo, por ejemplo, realizar ejercicio moderado, practicar sexo (incluso aunque no esté enamorado), reírse, disfrutar de las cosas buenas que le ofrece la vida, y muchas actividades más. Pero recuerde, lo importante es no estresarse, así que cuidado con San Valentín no vaya a ser un arma de doble filo. #Investigación científica