Con esta crisis económica, no son muchos quienes temen perder sus puestos de #Trabajo o luchan día a día por sacar su propio negocio adelante, llegando a incumplir la jornada laboral trabajando a persiana bajada.

La reivindicación tradicional de 8 horas de trabajo, 8 horas de ocio y 8 horas de sueño se alcanzó en numerosos países en la década de 1970 a 1980. Se pasó de semanas laborales de más de 60 horas semanales a semanas de 48 horas semanales (6 días con jornada de 8 horas) y a 40 horas semanales (5 días con jornadas de 8 horas).

Ser adicto al trabajo entraña graves consecuencias para los sujetos, como son la ansiedad e irritabilidad, depresiones, preocupación constante por el rendimiento laboral, sensación continua de estar agobiado o la mera necesidad de dedicar más tiempo al desempeño de la actividad laboral.

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El Instituto Finlandés de Salud Ocupacional, nos sorprende con la noticia de que los empleados que se encuentran más de 48 horas por semana en sus puestos de trabajo, poseen cierta predisposición a caer en ciertas adicciones, como el alcoholismo. Se estima que la posibilidad de caer en el mismo aumenta en torno a un 11% cuando se entra en este perfil.

El argumento se ve reforzado tras el análisis de los datos recopilados a partir de más de 60 estudios a cientos de miles de personas llevados a cabo en catorce países, incluidos Estados Unidos, Reino Unido, Australia y Alemania.

Las investigaciones concluyen que la realización de ocho horas de trabajo adicionales en la misma semana, puede llevarnos a padecer estrés, insomnio o hipertensión arterial y aumento de sufrir enfermedades vasculares.

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En muchos casos, el alcoholismo está causado en muchos casos por la generación de la necesidad de huir de este tipo de males.

Normalmente, este tipo de adicción al trabajo, se da en sujetos que se sitúan en la franja de edad comprendida entre los 40 y los 50 años. Los principales profesionales, siendo mucho más habitual en los médicos, abogados, periodistas y los ejecutivos.