Algunos aseguran que la verdadera belleza está en el interior, sin embargo, en la sociedad actual, la vida es algo más fácil si se tiene un buen aspecto físico. Un ejemplo que demuestra esta afirmación ocurre con la denostada calvicie. Si bien los cánones de belleza van cambiando con el tiempo, raramente, los calvos (no confundir con rapados) han sido considerados como un referente estético.

Parece claro que este rechazo social a la calvicie está basado fundamentalmente en gustos estéticos, ya que ser calvo presenta una serie de ventajas económicas y de comodidad. Imagine que durante más de 40 años pudiera ahorrar en cientos de productos capilares como champús, acondicionadores y máscaras para el cabello, tintes, etc., y que no tuviera que acudir más a la no siempre económica peluquería.

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Además de este beneficio económico, la calvicie también es cómoda, ¿cuánto tiempo ahorraría si no tuviera que dedicarle ni un minuto al cuidado de su cabello?

Sin embargo, y posiblemente para contrarrestar este ahorro económico, la sociedad fuerza a los calvos a gastarse en múltiples tratamientos para mejorar la calidad de su cuero cabelludo o en una gran cantidad de productos estrella, ofrecidos como la panacea para solucionar el problema de la calvicie. El culto al pelo en la cabeza (no en otras partes del cuerpo) ha hecho que cualquier avance científico, que permita vislumbrar una solución al problema de la alopecia, tenga tanta repercusión mediática como aquellos tratamientos contra enfermedades tan siniestras como el cáncer, el SIDA, o el tan actual virus del Ébola.

Sin ir más lejos, la mayoría de los informativos nacionales de ayer se hicieron eco de un nuevo descubrimiento sobre la posibilidad de "curar" la calvicie.

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Investigadores del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), un centro para el estudio del cáncer, observaron que la estimulación de los macrófagos, unas células que median en nuestra inmunidad, eran capaces de estimular las células madre de los folículos pilosos y estimular el crecimiento del pelo en ratones de laboratorio.

Este descubrimiento, aunque nuevo, guarda relación con otro estudio realizado hace más de un año en la universidad norteamericana de Yale, donde el uso de un fármaco contra la artritis permitió recuperar el pelo a un joven que padecía alopecia y psoriasis. Aunque en la actualidad desconocemos la repercusión de estos estudios y si realmente conseguirán evitar la calvicie, la investigación científica parece dar esperanzas a los calvos en la recuperación de su cabello perdido. Eso sí, tendrán que estar preparados para asumir su nuevo estatus y destinar parte de su tiempo y su dinero a cuidar su nueva joya, el pelo en la cabeza; mientras que probablemente, los gustos estéticos de la sociedad le forzarán a eliminar el pelo de otras partes de su cuerpo.