Cuántas veces tendría que morderse la lengua Voltaire de seguir vivo, pues sin mirar atrás, sentenció aquella conocida frase de que mujeres inventoras no habían existido, al menos hasta donde a él le llegaba el entendimiento. Craso error el del filósofo, pues haberlas las hubo, antes de que él naciera y después también.

Una chica con mucha imaginación

Marion O´Brien cambió el apellido de nacimiento por el del marido, Donovan, al casarse. Nació la chica en Indiana, en el seno de una familia de inventores. Su padre y su tío compartían afición y trabajo en una fábrica de su propiedad, donde la niña pasó muchas horas de su infancia, pues con siete años quedó huérfana de madre y no le quedó otra alternativa.

Quizás lo traía en los genes como herencia paterna, pues la creatividad le despertó o se le encendió cual bombilla y también ella contribuyó con algunos inventos a hacer de la vida diaria algo más cómoda para todos.

Una mamá primeriza en apuros

En su vida de casada vino su primera hija a plantearle un inconveniente y un trabajo extra al que no estaba dispuesta a sucumbir, los pañales. Debía ser tan cansino y debía perder tanto tiempo lavando la ropa del bebé, los peleles, la ropa de cuna, que se dedicó a estudiar la manera de pasar de los lienzos de algodón a pañales que no dejaran salir ni las heces ni el pipí. Su proyecto comenzó dando frutos y después de probarlos con su hija, Marion lo patentó, alcanzando un éxito que no esperaba y esto se materializó en los dos millones de dólares a que se elevaba las ofertas que le llovían.

¿Pero quién más que una mujer podría inventar el pañal?

En un principio utilizó material impermeable de la misma tela de los paracaídas, pero no estaba conforme con ello y siguió mejorándolo.

Los originarios “Boaters” (primeros pañales que empezó a comercializar en la tienda Saks de la Quinta Avenida) quedarían como un primer intento eficaz, en proceso de mejora.

Su obsesión era conseguir el mejor material para mantener la piel a salvo de escoceduras y controlar a la vez que no tuviera fugas. Una de sus mejoras se basó en utilizar más capas de celulosa, pero ante la falta de credibilidad y de apoyo de las fábricas de papel, esta iniciativa tardó en llevarse a cabo algo más de diez años.

Durante ese tiempo no desesperó ni pensó tirar la toalla hasta que le llegó su momento.

Uno de sus mejores inventos, pero no el único

Por fin un día Víctor Mills, ingeniero químico de Procter & Gamble, se mostró interesado por el invento de Marion y llegaron a un acuerdo. La compañía le compró el invento y lo bautizó con el nombre de “Pampers”, lo que dio nacimiento a los pañales tal como se conocen hoy en día.

No sería este su único invento sin embargo, también fue ella quien patentó el hilo dental, la goma elástica para la ropa o la jabonera. Inventos menores, al compararlos con la bombilla o el telégrafo por ejemplo y que nos da la impresión de que han existido siempre, pero que sin embargo de no haber sido fraguados en una mente de aguda creatividad, hoy por ejemplo aun andaríamos utilizando pañales de tela para nuestros hijos con sus conocidos inconvenientes.

Siglo XXI, vuelta al pañal de tela

Hoy día sin embargo, algo más de medio siglo más tarde de su invención, nuestra visión ecológica nos hace mirar al mundo bajo otro enfoque. El cuidado al medio ambiente y a nuestros recursos naturales hace desestimar, a una considerable parte de la población, el uso de los pañales clásicos, para los que ya existen una versión mejorada en los que no se utiliza celulosa, pero donde los nudillos vuelven a funcionar sobre los lebrillos, tal como lo hicieran nuestras abuelas con la ropa de nuestros padres.