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-¿Y tú qué quieres ser de mayor, Aída?

- #influencer, profesora.

Quién diría hace unos años que esta respuesta sería entendible por alguno de nosotros. Ni siquiera traduciéndola podríamos averiguar qué tendría que ver ser "influenciador" con un trabajo. Y es que aún a día de hoy es extraño preguntarse cómo es que influenciar, como tal, puede pagarse. Sin embargo, lo que es más alarmante todavía es saber dónde han quedado los enfermeros, bomberos, profesores... astronautas! como opciones mayoritarias de #profesión para el futuro. No es fácil lograrlas, son vocacionales y quizás (o sin el quizás) hay que trabajar mucho para ahorrar una gran cantidad de dinero pero son tan necesarias e importantes como que no podríamos vivir sin ellas.

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Ciertamente, las modas son las modas. Y estos anglicanismos actualmente son lo más. Instagramer, influencer, youtuber... poco importa el nombre sino lo que se gana con cada uno de estos puestos "virtuales". El trabajo soñado para muchos. Subir fotos y vídeos a las redes sociales como si no hubiese mañana, poner cuantos más hashtags mejor para ganar seguidores (perdón, followers), ser invitado a los eventos más fashion del mundo, viajar para promocionar marcas y obtener regalos de las mismas... la verdad es que no suena mal del todo ¿no?. Negocio de los que da pasta y aparentemente sin mucho esfuerzo detrás. Y digo "aparentemente" porque hay que tener una buena cámara a mano ya que la calidad de las fotografías sí es importante en este caso. Nótese mi ironía.

Ahora yo me pregunto que para que alguien influencie, tiene que haber alguien que se deje influenciar.

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Está claro que Cristiano Ronaldo no sería quién es si no tuviera a todos sus seguidores detrás aún a pesar de su talento. Lógica aristotélica. Entonces y siguiendo este patrón, si por un casual vemos el modelito de él o la influencer de moda de turno (por poner un ejemplo) y nos gusta, nos lo compraremos. Porque sabemos que está de moda y además lo lleva una influencer! Qué más se puede pedir. No lo digo yo, por supuesto, lo dicen los datos. Y para muestra un click: http://www.stilo.es/celebrities/la-camiseta-feminista-de-chiara-ferragni-que-ya-se-ha-agotado.

He aquí el primer problema: estamos olvidando los verbos cotejar, comparar, contrastar y el más importante, "ser" nosotros mismos. ¿No es acaso este un lavado de cerebro más? Lavado marketiniano sí, pero al fin y al cabo, lavado. Por otra parte proclamamos la libertad de expresión, el decir y hacer lo que pensamos y sentimos sin importar la opinión de los demás, pero en el fondo, llegamos a querer ser estas personas, envidiando no estar en su piel, en sus carnes, y poder vivir su vida de cuento.

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¿En realidad a alguien le gustaría cambiar poder salvar una vida por subir vídeos a #YouTube, hacerse famoso y forrarse? ¿Cambiar hacer un descubrimiento científico por tener bolsos de la marca más glamurosa del mundo?. Si es que sí, tenéis un problema.

Para terminar, volver con la pequeña "Aída" que hablaba en el diálogo del principio. Ella podría ser tranquilamente la ya archifamosa Aída Domenech (Dulceida).Toda una empresaria con su propia firma de ropa, perfume y joyas gracias a toda esa gente que la sigue locamente por sus redes sociales. Mientras tanto algunos jóvenes emprendedores todavía siguen peleando para que sus proyectos sean lo suficientemente originales y apuesten por ellos. Para algunos/as los comienzos no fueron tan fáciles.