El universo cinematográfico #DC está de capa caída, y después de un Batman Vs Superman sin sentido y un Escuadrón Suicida absurdo, nos llega #Wonder woman con la promesa de redención.

Para muchos, esto ha sido así y es esa confianza en la opinión popular lo que me ha llevado a cometer el error de malgastar mi tiempo y dinero en una cinta que no solo no aporta nada nuevo al género, sino que además se vanagloria de utilizar todos y cada uno de los clichés de las películas de superhéroes, junto con un guion escrito sin ganas y unos personajes que en su mayoría, podrían no estar y daría lo mismo.

La Mujer Maravilla que no maravilla

Diana es una diosa guerrera que vive en el amazonas en una isla al margen del resto de la humanidad.

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Y a pesar de ser un lugar totalmente remoto, un piloto americano se estrella en sus costas seguido de una embarcación alemana de la Primera Guerra Mundial.

Así llega la primera pregunta: ¿Cómo han podido ellos, de forma casual, dar con la isla si nunca nadie ha podido acceder a ella? Pero esto no es más que el principio de una sucesión de conveniencias, pertenecientes a un guion casual y sin empeño, que no se avergüenza de esgrimir cada cliché imaginable de una película de superhéroes.

Lo tiene todo; la niñez de la protagonista, con grandes sueños y aspiraciones. Un mentor cuyo destino es predecible; una historia romántica basada en conversaciones casuales y chistosas. Secundarios cómicos que no aportan nada a la narrativa y un villano totalmente olvidable. Incluso se las arregla teniendo a un personaje femenino de protagonista, para colocar la escena siempre rigurosa y necesaria, del actor musculoso de turno sin ropa.

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Porque no debemos olvidarlo, esta es una película de superhéroes: los chicos necesitan acción y las chicas necesitan al guaperas desnudo. Vergonzoso.

Lo que sigue es una sucesión de escenas de acción donde los efectos especiales cantan y las actuaciones quedan relegadas a lo anecdótico. Gal Gadot, que encarna a la Mujer Maravilla, parece más preocupada por quedar bien en cada plano que por ser natural. Su compañero de reparto Chris Pine, el piloto, apenas pone la carne en el asador, debido a un personaje con poca profundidad.

Pero donde más duele es en el caso de David Thewlis, relegado a ser un jefe final de videojuego; Danny Huston, sin desarrollo alguno y una Elena Anaya maravillosa, cuya mirada vidriosa es capaz de decir más que todas las líneas juntas de todos sus compañeros. Desgraciadamente, nuestra paisana apenas tiene peso narrativo y no es más que un recurso.

Hay otros personajes secundarios que acompañan a la heroína pero su inclusión es dudosa. No tienen impacto podríamos eliminarles de la ecuación y tendríamos el mismo resultado.

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De hecho y por poner un ejemplo, menciono al francotirador, quien presume de sus increíbles habilidades como tirador y solo le vemos apretar el gatillo una sola vez en toda la aventura, sin siquiera saber a qué o a quién disparaba.

Sexo en Themyscira

La escena en la que el piloto y Wonder Woman conversan en el barco es el mejor ejemplo de lo que representa esta cinta. Se trata de una escena donde lo único que hacen es hablar de sexo y del conocimiento de Diana sobre la reproducción humana y, como ella lo llama: “los placeres de la carne”.

Para ser una película que busca demostrar la fuerza de la mujer en una industria predominantemente masculina, no parece avergonzarse de recurrir al sexo para desarrollar relaciones sentimentales y provocar la risa fácil y adolescente de su audiencia. Este es el hecho: que una película nos haga sentir bien, no la hace ser buena película.

Aplaudo la inclusión de personajes femeninos como Leads, pero mientras que leyendas como Sarah Connor, Ripley o incluso La Novia de Kill Bill, representaban a mujeres que estaban a la altura o incluso más que los hombres; Wonder Woman es la caricatura de lo que debería ser.

Hablamos de una mujer, no una niña, que se desenvuelve en un mundo en guerra con absoluta casualidad como si el asunto no fuera con ella: “Esto es horrible”, “Tenemos que ayudar a esta gente”, “¡Son niños!”; en boca de este personaje, suena con la misma convicción y dedicación que la de una adolescente escribiendo un post en Facebook.

Es curioso como siendo la historia de una diosa guerrera, que cree en la libertad y en la justicia, tenemos que perder el tiempo en escenas que parodian a Pretty Woman; donde la joven, desvergonzada y que no encaja en el ambiente es asesorada por una modista histriónica sobre qué modelitos probarse. Y, por supuesto, da igual lo que se ponga la Mujer Maravilla siempre estará fabulosa.

Cada escena de acción se asegura de plasmar la belleza de la actriz y cada personaje que se cruza con ella enfatiza lo hermosa que es, seguido de un plano en actitud coqueta pero casual de la protagonista. Eso sí, siempre que alguien duda de sus capacidades, el guion plantea una situación salida de la nada, donde aparece el matón de turno al que Wonder Woman debe detener y así dejar boquiabiertos a todos los hombres que la observaban sin respeto. Casi parece una historia de manual de instrucciones.

La película es correcta en su ejecución, con una fotografía atrayente, acorde al estilo del género bélico y escenas de acción que te dejan ver lo que está pasando. No hay cámaras vibrantes ni agitaciones que marean al espectador y eso se agradece. Pero sobre todo es un producto fácil de ver, aunque no es bueno.

Se trata de una película hecha sin esfuerzo, con un guion fácil y repleto de absurdeces, como una escena en la que dos personajes consiguen atravesar un bloqueo alemán, sin pase, fingiendo ser uno de ellos un chófer hindú caricaturesco. Es sencillamente, ridículo.

Es triste que el feminismo esté ahogando unas críticas que deberían analizar esta película por lo que es y no por lo que quiere representar, pero que ni de lejos consigue.

Voy a volver a ver Kill Bill, donde la mujer lucha, pelea, sufre, llora, ríe, sin tener la necesidad de decir una y otra vez que es una mujer. #Cine