Hay ciertas cosas que Guy Ritchie sabe hacer, entretener en un perfil de películas en donde se puede mover con libertad. Snach, cerdos y diamantes (2000) fue un film construido para ello y con todas las teclas para, desde el artificio y un decente guión crear una comedia de intriga, divertida y dinámica. Con Sherlock Holmes (2009) consiguió esa rapidez de las películas de aventuras que te hacer al menos, pasar una amena tarde. Pero el Rey Arturo, la leyenda de Exalibur, clama al cielo por lo desviada y errónea en todos los frentes del film. Un guión débil, desde una historia más que conocida, una narración de saltos y elipsis descontroladas y una excesiva utilización de ruido y los efectos especiales –que mal digerida está la sombra de El señor de los anillos- Decía el gran cineasta portugués João César Monteiro que los ingleses no sabían hacer #Cine, en una de sus recurrentes salidas de tono, y no le faltaba razón...

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habida cuenta de excepciones como Derek Jarman, Terence Davies, Ken Loach... Alfred Hitchcock... Terry Gilliam. Retomando la leyenda arturica, el film de Guy Ritchie es una más de la consecuencia, de una cadena fallida de films que abordaron este cuento generacional del mito de la construcción de la Corona. Imposible no nombrar el film de John Boorman, Excalibur (1981) la mejor versión que hasta el momento se ha llevado a cabo, donde todos los componentes simbólicos que el mito tiene se exponen con belleza y maestría, con un elenco de actores en la medida de lo representa la Leyenda. Si a ello le sumamos la construcción de imágenes épicas y las variadas puestas de escenas oníricas y mágicas, nos encontramos con un film de aventuras memorable. Desde otro punto de vista, Los caballeros de la mesa cuadrada, y sus locos seguidores (traducción en español de The Holy Grail, 1975), la genial y desternillante versión de los Monty Phyton, está mucho más cercana a la leyenda artúrica que este Rey Arturo con navajita platea.

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