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El colectivo NSK (Neue Slowenische kunst) fue uno de los movimientos artísticos más grandes e interesantes que se desarrollaron en los años 80, los últimos coletazos de Yugoslavia. Desde la República de Eslovenia, dentro de la Federación yugoslava, este colectivo aglutinó a un amplio grupo de artistas multidisciplinares. Las tres patas de este movimiento fueron Laibach, grupo embrionario y el más conocido, al menos internacionalmente, como banda de música industrial con cierta resonancia gracias a sus versiones de los grandes éxitos de la música pop rock occidental de la década del videoclip (los 80). IRWIN, grupo de artistas visuales que crearon el “eclepticismo enfático” y el uso de diferentes estilos; por último el Teatro de las Hermanas de Escipión (THEN). Colectivo teatral que después de disolverse en 1987, se reconstruiría en el Gabinete cosmocinético Noordung. Los posteriores años, durante y después de la guerra, llevaron a que NSK se contaminara de otros campos, como el diseño gráfico, la literatura, la producción audiovisual, la filosofía, o la arquitectura.

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La retrovanguardia

El hilo conductor de todo este movimiento se basaba en la retro-vanguardia, recogiendo, o más bien apropiándose de todas las representaciones artísticas de la Vanguardia rusa, la Bahaus y Fluxus. Otro de los recursos utilizados era la copia de la estética totalitaria, tanto estalinista como Nazi: las forma de la tiranía del estado y sus manifestaciones. Todo estaba dispuesto para no crear nada inventado, si no más bien, construir algo nuevo de lo ya existente. A través de la ready made, se huía de la autoridad individual, la iniciativa personal o el ego del autor, para difuminar la obra en el colectivo. Este arte se generó en un momento crucial de la Historia de Yugoslavia, expresa las tremendas contradicciones que estaba atravesando el bloque socialista, el auge del capitalismo, que conllevó la perdida de control por parte del estado y el abandono del apoyo a la producción cultural.

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Finalmente la extinción de la federación balcánica que le conducir tragicamente a la guerra.

La exposición que podemos disfrutar en El Reina Sofía es un compendio de obras de este colectivo que dinamizó la escena cultural yugoslava de los años 80. Este movimiento tuvo una revisión en la Tate de Londres en 2012 y se pudo ver una retrospectiva en la Moderna galerija de Ljubljana en 2015. "Es uno de los colectivos europeos más grandes de los 80", señala la comisaría de la exposición Zdenka Badovinac. El directo del Reina Sofía, Manuel Borja-Villel, apuntaba que la exposición “ha sido un reto por la heterogeneidad de los elementos”. Más de 350 obras en pinturas, fotografías, vídeos, vinilos, catálogos, posters...NSK, llevó a cabo eventos, performance, conciertos... Un canto de cisne que tuvo la gran paradoja que todos esos artistas fueron antisistema, apartados de los canales de expresión del sistema, para tiempo después, ser reconocido por éste, en una clara tendencia de la vía de apoderamiento del capitalismo.

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La exposición se abre con una sala dedicada el colectivo NSK como forma global. Podemos contemplar un Organigrama de 1986 del movimiento que estable sus principios, sus actividades y jerarquía. Asume la cooperación en el plano de igualdad de los tres colectivos, con una dirección que rotaba, muy en la línea de un planing de explicación política de la estructura del Estado. La primera zona expositiva es el proyecto Kapital: es el manifiesto del hundimiento del socialismo y la entrada del capitalismo.

La presentación de la exposición tuvo un invitado destacado en la figura del filosofo esloveno Slavoj Zizek. bajo la inercia del concepto provocador de NSK, el pensador replanteaba la idea de Estado –más bien comunidad- con los acontecimientos generados en China por la contaminación global “aireapocalipsis”, que hizo movilizar a 500 millones de personas fuera de las ciudades. El estado chino explicaba Zizek era... “que lo más sorprendente de este aireapocalipsis es que las autoridades ya no pudieran negar el problema, y trataron de establecer un nuevo procedimiento que permitiera a las personas continuar su vida cotidiana siguiendo nuevas rutinas, como si el aire catastrófico fuera solo un hecho nuevo de la vida” El individuo entonces es parte del Estado una molécula de él, de un solo Estado con sus catástrofes. La autojustificación del desastre sería una manifestación de una locura colectiva. Ese Estado estaría alejado de la idea global de lo comunal, de la solidaridad entre los países. Es decir retomar la primera idea del “comunismo”, un bien global de individuos, en post de una comunidad global. NSK, de alguna manera, representaba esto.

La exposición se podrá ver hasta el 8 de Enero del 2018 #Audiovisuales #Filosofia