En Estúpidos hombres blancos el libro del realizador Michael Moore (2009) exponía el concepto con claridad, el miedo. De este elemento surgían los demás, los celos, la envidia, el temor por perder el poder. Jordan Peele realiza Déjame salir su primer film bajo ese temor, pero desde la perspectiva del hombre negro (el director y actor también es un hombre de color), es decir de alguna manera la psicosis se ha expandido a la otra acera, a los negros. Los Estados Unidos de Norteamérica, esa nación designada por Dios como faro del mundo siempre ha tenido un problema desde sus comienzos, el genocidio. Como bien definió Moore, los colonos ya fueron los primeros que trajeron el miedo al nuevo Canaan al huir de las condiciones sociales de sus metrópolis natales y a partir e ahí comenzaron a matar.

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El hombre blanco, sus luces y sombras, su engreimiento como raza superior y guía de la colonización y del desarrollo de su civilización, ha utilizado a las demás razas (sobre todo a la negra, e indígena) como esclavos y mulos de carga. Es el poder el que le inspira en su maldad de opresión hacia el otro –aún estamos en esa subfase mental. Jordan Peele es un realizador muy joven, o mejor dicho muy nuevo y norteamericano que ve en la narración la base del #Cine. Déjame salir (Get out), es un film que ahonda en una psicosis colectiva, en un miedo ancestral, la esclavitud, la dominación de unos seres sobre otros. El terror por tanto de un hombre negro frente al mal que puede imponer el hombre blanco.

El éxito de la idea de la película de Peele, radica en la profundidad de ese racismo en USA, y la hipocresía generalizada incluso en las clases blancas progresistas.

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El mal está acechando, se esconde en los detalles, por debajo de la piel y de los bienpensantes hombres blancos. Es todo más siniestro y terrorífico, el hombre blanco es siempre un nazi, un ser diseñado con la capacidad de hacer el mal porque no tiene principios morales, los creo como forma de engaño y control social. Cualquier proceso de acercamiento del hombre blanco a cualquier otra raza será por interés, nunca por amor y respeto, todos sus movimientos son interesados para dominar y controlar –en resumidas cuentas... el hombre blanco es una escoria.

El film, con un correcto desarrollo narrativo, tiene una lectura social pavorosa... La envidia natural del hombre blanco sobre el negro y los celos e intentos de éste por desbancarle intelectualmente. El negro esta mejor diseñado, es alto, de salud más robusta... no puede ser más inteligente que nosotros. Hay toda una macabra línea de terror pero que ahonda en la propia sociedad norteamericana, y que Jordan Peele ha sabido sumergirse en ella.

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Incluso la existencia de Obama ha sido puro teatro de engaño, todo es maldad, todo es dominación, todo es colonización, de los cuerpos, a través de las mentes. Y es ahí donde el film ahonda, lo intelectual: el mal lo ostentan un neurocirujano y una psicóloga blanquísimos, e impolutos en sus formas. La educación como engaño para mantener el poder.