Hace pocos días nos dejó el filósofo polaco de origen judío (no practicante) Zygmunt Bauman, creador del concepto de “modernidad líquida” . El sociólogo y ensayista que realizó sus principales investigaciones en el Reino Unido, descifraba en la serie de libros Amor líquido, Vida líquida, Miedo líquido y posteriormente la obra #Arte ¿Líquido?, toda una serie de derivas sobre el concepto de consumo y el desarrollo de la última fase del capitalismo. Un compendio de investigaciones que ponían de manifiesto la forma efímera de construir la realidad que el sistema de consumo mantiene con nosotros, los consumidores que no ciudadanos, replanteando la forma de vida y la escala de valores.

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La temporalidad de los elementos que nos rodean, de nuestras relaciones y variables que el ser humano genera para construir la visión de la vida. Lo líquido o fluctuante, siempre en tránsito y por tanto no sólido, siempre relativo, hace al individuo sensible a los cambios o modas, y por tanto, sujeto de consumo constante.

La exposición Ficciones y territorios. Arte para pensar la nueva razón del mundo que se puede contemplar en el Reina Sofía, es un compendio de prácticas artísticas recogidas desde los años 90 hasta la actualidad, periodo donde se ha desarrollado un fuerte neoliberalismo en lo económico. El arte reacciona ante esta situación, la que de alguna manera Bauman nos alertaba.

Las prácticas artísticas que se podrán ver tienen una características determinadas, pero principalmente podríamos determinarla postmedia con elementos de transversalidad, utilizando la fotografía como escultura, o el cine como pintura, rompiendo el límite del propio medio.

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Las obras que podemos encontrar, se encuentran completamente contaminadas por nuevos caminos como la antropología, el activismo... elementos diferenciadores que se han hecho comunes con el arte actual. Lo performativo también es un hecho relevante, el movimiento del cuerpo, lo teatral. El propio arte es absorbido por si mismo, u otros campos como la ciencia que pasan a ser recursos que el Arte utiliza. Manuel Borja-Villel, director del Reina Sofía señala que la “exposición dibuja una serie de líneas o ejes por donde se desarrolla: la creación de la historia, a través de construcción de la memoria; la idea del territorio, de cambios que contempla la ciudad; la alteridad, el otro, o lo colonial con otras formas de expresión en estos momentos; el papel de la literatura, de las propias vidas para crear espacios autónomos; el interés por una época histórica marcada por la caída de las Torres Gemelas y de Guantánamo, y también el interés de muchos artistas de trabajar en espacios de excepción, lugares que la sociedad no reconoce como los campos de refugiados.

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El documental y el testimonio en nuestro tiempo es muy relevante. En la exposición tiene un lugar relevante el Documental como reflejo de la historia, como testimonio, pero también como momento vivido de la realidad. La mayoría de las obras son de adquisición reciente de algunas de las exposiciones temporales, otras de galerías, exposiciones o de visitas a los estudios de los artistas. Son obras vividas en el tiempo de los acontecimientos que han marcado nuestra contemporaneidad.

El recorrido de la exposición evoluciona desde el sentido de la Globalización y territorio, donde las obras de Farocki o Asier Mendizabal, o el ensayo fílmico de Allan Sekula sobre la regulación del tránsito en los mares hacen hincapié en este proceso. Un trabajo en la misma línea es la obra Anagolue de Zoe Leonard, mientras que las fotografía de Jorge Ribalta, dedicada a la abdicación y retiro de Carlos V, una serie de obras espejo del poder que a través de ficciones políticas nos reflejan sus representaciones. Entre las obras también podemos encontrar los trabajos videográficos de Amos Gitai sobre el conflicto israeli-palestino, o las realizaciones de Federico Guzmán sobre el Sahara, entre otros.

La exposición se podrá contemplar hasta el 13 de Marzo.