Esta pasada noche celebramos la #fiesta de #Halloween, también conocida como la noche de brujas. Aun no siendo una fiesta tradicionalmente nuestra, se ha dado un proceso de asimilación de dicha festividad en la cultura popular de este país.

 La fiesta, tal y como la conocemos en nuestros días, imita al Halloween estadounidense que tantas veces hemos visto en series y películas. Calabazas vaciadas y utilizadas como farolillos; disfraces, en principio de monstruos y brujas, que han ido derivando en cualquier tipo de disfraz; el juego de “Truco o Trato”, con el que los niños se pasean por las puertas de sus vecinos en busca de caramelos.

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 Y aunque ahora nos fijemos en el modelo yankee para esta celebración, la verdad es que su origen es mucho más antiguo y mucho más cercano de lo que pudiéramos pensar.

El verdadero significado de Halloween

La palabra Halloween es una forma escocesa acortada que deriva de la antigua expresión inglesa ‘All Hallows Eve’, que podría traducirse como “Víspera de Todos los Santos”, algo que nos resulta mucho más familiar.

Aunque la palabra ‘hallow’ está ya en desuso en el inglés actual, antiguamente hacía referencia a los santos, o al hecho de santificar o consagrar algo o a alguien. El término ‘eve’ se utiliza para designar las partes finales del día, o, mirado de otra manera, la víspera del día siguiente.

Las raíces de esta fiesta provienen del intento, por parte del cristianismo, de conciliar celebraciones de distintas creencias y asimilarlas como propias.

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En su #origen Halloween estaba vinculada a conmemoración celta del final de la temporada de cosechas, llamado Samhain, que señalaba el comienzo del año nuevo celta. Su proximidad en el calendario con la celebración cristiana del “Día de Todos los Santos”, propició que éstos últimos unificaran ambas festividades.

A pesar de que principalmente se trata de un festejo secular podemos observar un velado trasfondo religioso, puesto que se creía que esa noche los espíritus de los muertos volvían a caminar sobre la tierra; se realizaban ritos para comunicarse con ellos y se encendían velas en las ventanas para mostrarles el camino de vuelta.