Uno de los maestros del #Cine universalmente admirados es el neoyorkino #Woody Allen, el cual no sólo supo hacernos cercana su Nueva York natal, sino incluso demostrarnos que los hombres, para gustar a las mujeres, no necesitan ir de machos dominantes. Un mundo propio muy personal, pero a la vez universal y que cualquiera podemos entender o asumir.

Todo eso trataremos de contar sobre él, aunque brevemente, sobre alguien que ha influido en cineastas del mundo entero y él mismo confiesa tener influencias de otros maestros del Séptimo Arte, como Ingmar Bergman, su favorito y al cual alude en muchas de sus películas, poniendo cara de desagrado si alguien se mete con él.

Pero también tiene mucha influencia de Federico Fellini, tanto en su sentido del humor como en su visión pesimista de la vida.

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"8 ½" es una que más le han marcado. De ahí parte su surrealista humor en muchas películas.

Pero recordemos sus comienzos, cuando después de trabajar como actor en algunas películas, incluso como guionista, consigue dirigir la primera, "Toma el dinero y corre", que empezaba con una divertida descripción del narrador, recurso utilizado en la mayoría de sus películas: "La señora Starkwell, legítima esposa de su legítimo esposo, dio a luz un bebè. Le pusieron de nombre Virgil y de sexo varón".

Aquí nos mostraba un personaje perdedor como un ladrón inepto y torpe, y conseguía que nos cayera bien. Contada como si fuera un documental, intercalando entrevistas con la acción y un narrador omnipresente, empieza a mostrar su personaje tipo: hombre bajito, tímido, inseguro, pero de convicciones firmes.

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En películas posteriores, todas aun con estilo cómico puro, aunque con toques intelectuales muy personales, su personaje sigue definiéndose, cada vez más pesimista o surrealista, en toda clase de géneros, desde la comedia histórica de "La última noche de Boris Gruishenko" a la ciencia-ficción muy particular de "El dormilón".

Pero en 1977 da un giro a su carrera haciendo películas con un cada vez más marcado tono serio, sin renunciar a su estilo ni a su verborrea inconfundible. Una de sus primeras obras maestras fue "Annie Hall", que le dio su primer Óscar, con un gran monólogo inicial, siendo recomendable verlo.

Aquí es Alvy Singer, un cómico judío neoyorkino, origen muy habitual en su obra, en un papel muy autobiográfico, y contaba con la ayuda de una ex pareja suya en la vida real, Diane Keaton, que también tiene un papel autobiográfico. Incluso ella tiene el mismo apellido real que su personaje, Hall. El final fue en cierto modo pesimista, como en muchas películas suyas, ya que su visión del mundo es así, no lo olvidemos.

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Pero es en "Manhattan" donde hace un homenaje a su Nueva York natal en blanco y negro, y nos muestra una gran historia de amor y desamor con la "Rhapsody in Blue" de George Gershwin de fondo.

Y otra vez con Diane Keaton como cómplice para una historia amorosa a varias bandas, donde el maestro puede desarrollar su talento para los diálogos.

Aunque Allen, siempre inquieto, quiere seguir reinventándose y pasa al drama. En "Interiores" homenajea a Ingmar Bergman con una dura y sin concesiones historia familiar de frustraciones y deseos fallidos, imitando el estilo frío y pausado del maestro sueco.

Y en "Recuerdos", también homenajea a Federico Fellini, haciendo su particular versión de "8 ½", con un cineasta que intenta acabar su nueva película y que viaja a un balneario a recibir un homenaje. Incluso imitaba la estética del maestro de Rimini en el aspecto de los personajes, en un cásting muy elaborado. Todos feos o con aspecto peculiar. Vamos, algo muy felliniano.

Pero también tuvo sus fracasos económicos, aunque luego esas películas se reafirmaron con los años. "La comedia sexual de una noche de verano", personal visión de una película de Bergman asimismo inspirada en "El sueño de una noche de verano" de William Shakespeare, daba otra vuelta de tuerca a su visión del mundo, aquí ya con la presencia constante de Mia Farrow en la trama y la música de Mendehlsson de fondo.

Aunque años después nos daría otra obra maestra, "Hannah y sus hermanas", con dos historias de amor protagonizadas por tres hermanas, con sus anhelos y frustraciones. Michael Caine ganó el Óscar al Mejor Actor de reparto como un marido adúltero atormentado que se obsesiona con ligarse a su cuñada. Pero también está la historia del personaje de Allen, un productor televisivo que un día cree que tiene cáncer, lo que le hace replantearse la vida profundamente.

Tres años después destacamos otra obra maestra, más rotunda aun, donde hace una implacable crítica de la mezquindad humana y lo injusta que es la vida con la gente honrada, "Delitos y faltas", otra vez con dos historias, una de un oftalmólogo adúltero que decide matar a su amante y otra de un documentalista abrumado por su prepotente cuñado, que acabará completamente solo de manera desoladora e injusta.

Pocos años después, surgirá la traumática ruptura con Mia Farrow y Allen pasa de cineasta respetado y modelo intachable a objeto de revistas de cotilleo barato. Trata de refugiarse en su trabajo, incansable, y continúa con su película anual. Su última película juntos, magnífica, fue "Maridos y mujeres", donde habla de literatura y amores, rodada como un documental con cámara al hombro, y con su habitual visión pesimista.

Pasan los años, y Allen sigue dándonos su visión del mundo neoyorkino y a la vez universal. En 1997, decide cambiar las características éticas y morales a su personaje habitual y deja de ser un buen hombre con buena o mala suerte en el amor para convertirse en un cínico que se lleva mal con la Humanidad. Ello se ve en "Desmontando a Harry", donde parece que el mundo entero se venga de él, en la piel de un escritor que convierte a quienes le rodean en personajes de sus libros, algo que provoca el rencor y odio de la gente contra él, además de codearse con prostitutas, algo que según algunos rumores parece ocurrirle en la vida real, ya que jamás ha condenado la profesión más antigua del mundo en sus películas.

Incluso para poder seguir teniendo financiación en sus nuevas películas, llegó a firmar un contrato con Dreamworks, una de las productoras de Steven Spielberg, y ello le imponía hacer comedias comerciales, sin su mala baba habitual. Algunos tráilers de esas películas llegaban a convertir sus películas en comedietas románticas, todo lo contrario que eran en realidad, una prueba palpable fue el de "Todo lo demás", donde sólo aparecían Jason Biggs y Christina Ricci, sus protagonistas, como si todo fuera una comedia romántica del montón, omitiendo en todo momento las escenas con el propio Allen, para decir tímidamente al final del mismo "Una comedia de Woody Allen", como si tuvieran miedo de que el público americano, si se enteraba de que era Allen el director, no iría a ver la película. Pero Allen se desquitó en "Un final made in Hollywood", ingeniosa comedia que parodiaba el caótico rodaje de una película.

Antes, en "Todo lo demás" ya había renunciado a ser el seductor de siempre, por imperativos de edad, y le pasó su personaje a actores más jóvenes y atractivos. Desde entonces, apenas ha aparecido él mismo en escena, y si lo hacía, era como secundario, generalmente como hombre maduro de vuelta de todo.

Pero Allen necesitaba aires nuevos, nueva inspiración, y en 2004 acepta una oferta de rodar en Londres y empieza una nueva etapa suya: sus películas europeas. La primera perla la dio con "Match Point", drama en la línea de "Delitos y faltas" con la misma mirada implacable y resultado final magistral, redondeado por la música de ópera de Giuseppe Verdi que le da aire trágico, como la de "Otelo" en la escena culminante del doble asesinato.

Después de rodar varias películas más en Londres, le llega una oferta de Barcelona, y sale de aquí su película europea más polémica. Irregular fue su resultado, en "Vicky Cristina Barcelona". Una historia de amor de un pintor residente en la capital catalana con dos turistas americanas recién llegadas. Javier Bardem y Penélope Cruz eran las estrellas junto con Scarlett Johansson y Rebeca Hall. No obstante, si nos olvidamos de su aire de postal turística, el argumento tiene mucho interés como drama humano.

Vuelve brevemente a Nueva York con la complicidad de un genial Larry David, como él un cómico judío neoyorkino, en el papel de un misántropo que mira implacablemente al mundo en "Si la cosa funciona", sobre todo en un agudísimo monólogo inicial, sarcástico, implacable, despiadado con la que él considera estupidez humana, aunque otros lo perciben como soberbia y rencor con aires de superioridad. Un personaje que nos puede parecer antipático o lúcido, desengañado del mundo, como ya lo estaba el propio Allen y la mayoría de gente que tenemos una cierta edad.

Vuelve a Europa y se pasea por la maravillosa Paris con una historia con tintes fantásticos, pasando la "Medianoche en Paris", otro de sus trabajos excelentes. Inteligente el viaje al pasado del protagonista, que se encuentra con Ernest Hemingway y otros maestros de la Literatura, la música y el arte. Ingeniosos los encuentros con Luis Buñuel, a quien el protagonista le "sopla" el argumento de "El ángel exterminador" 40 años antes de su rodaje, o con el mismísimo Salvador Dalí, que le acaba hablando de rinocerontes copulando, tan surrealista como el genio de Cadaquès.

De ahí pasó a Roma, con cuatro historias independientes, dos de ellas habladas en italiano, una de ellas homenajeando a "El jeque blanco" de Fellini, con ingenio, aunque no todas estuvieran logradas, pero se le veían interesantes ideas, como la de convertir a Roberto Benigni en un pobre hombre devorado por la televisión, aunque su comportamiento fuera el de un hombre corriente.

Y llegamos a uno de sus últimos trabajos y de los más excelentes: "Blue Jasmine", rodada entre San Francisco y Nueva York, con una gran Cate Blanchett en un personaje complejo reservado sólo para las grandes actrices. A muchos les ha recordado Jasmine French a la Blanche Dubois de "Un tranvía llamado Deseo" de Tennesse Williams, aunque Jasmine es más cuerda, en un personaje complejo y tan víctima de las mezquindades de éste mundo como mezquina con los que le rodean, como su obsesión con imponerle novios "como deben ser" a su ingenua hermana, en un derroche de soberbia y aires de superioridad.

En fin, un cineasta inteligente y profundo con un mundo propio, con el cual muchos nos podemos identificar, sobre todo los que no comulgamos con el macho prepotente, ni con las películas de acción, ni somos invulnerables. Una de las escenas más memorables de Allen, en una película no dirigida por él, pero que tiene su estilo, al estar el guión basado en una obra de teatro propia, "Sueños de un seductor", fue la del museo en donde él intentaba ligar con una chica atractiva y ésta le contesta con un discurso pesimista sobre la vida y el Universo sin Dios que Allen hubiera firmado, conociendo su ateísmo absoluto. A cualquiera nos hubiera gustado estar en el lugar de él, en ese mismo museo.