Con la Iglesia hemos topado. Por si faltaba una pizca de sal, de nuevo la añade la jerarquía eclesiástica española. Y es que, la retirada del ante-proyecto de Ley Gallardón ha traído consigo la furia de foros antiabortistas de toda índole, de los sectores católicos y eclesiásticos y de votantes decepcionados del Partido Popular.

Aunque sin duda alguna, y una vez más, ha sido el obispo Reig Pla quien con más despropósito se ha pronunciado. Nada más y nada menos se ha permitido el lujo de comparar la plataforma "El Tren de la Libertad" con el nazismo; incluso ha disparado sus avispadas palabras contra el presidente del gobierno, a quién ha acusado de deslealtad hacia sus votantes (y en esto no le falta razón, ya que era una propuesta programática), y refiriéndose a su partido, de estar mediatizados por el feminismo más radical y por el lobby gay.

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Con estos disparates, el obispo de Alcalá ataca de nuevo.

La ley de Reforma del aborto que pretendía sacar adelante el ya ex ministro, y la paralización de la misma, que se intuía desde hacía tiempo, ha traído además importantes consecuencias. La definitiva retirada de Ruiz Gallardón de la política. La renuncia a los principios morales del PP por motivos electorales, aunque no se sabe muy bien cómo puede salirle la jugada, ya que votantes convencidos para quien esta ley era irrenunciable ya están manifestando su tremebundo cabreo. La victoria de la ciudadanía, en todas sus expresiones, que apoyaba mayoritariamente la ley del aborto del anterior gobierno socialista. Una nueva agitación de los sectores antiabortistas, incluida la iglesia y sus representantes más conservadores. Y fundamentalmente, la preservación de un importante derecho, el de decidir.

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Lástima que no haya sucedido lo mismo con leyes que contaban con escasísimo apoyo como la Ley Wert de educación. El ministro, tras no contar con el respaldo de la comunidad educativa en su conjunto (AMPAS, Personal Docente y del Pas, Alumnos), ni de consenso político alguno, actuó de un modo muy distinto al de su colega de gobierno. En fin, y cómo diría el obispo Reig Pla, de todo hay en la viña del señor.