Son las 18:00, La Puerta del Sol está repleta y mientras caminas inevitablemente apareces retratado en el selfie de algún turista. Cerca del metro se forma un corro de gente, las personas están maravilladas con las piruetas, acrobacias, el humor y el #baile. Es el momento ilegal y nunca antes la ilegalidad había sido tan bien vista. Niños, jóvenes y ancianos aplauden por igual, todos quieren ver cómo un sexteto de bailarines urbanos hacen de las suyas a plena vista del Oso del Sol.

La agrupación se llama #Madrid Frao y está compuesta por seis personas cuyas respectivas nacionalidades dotan al grupo de un pintoresco irresistible, casi parece ser una mini delegación de baile enviada por las Naciones Unidas, una que por sí sola representa a España, Colombia, Italia, Ecuador, Perú y Venezuela.

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Tengo mi propio anfitrión, Nerio, quien es uno de los bailarines y mi paisano. Me cuenta que tienen que estar preparados en caso de que llegue la policía, porque si los ven, serán echados o peor aún, multados. Es ilegal el espectáculo que realizan en medio de Sol, porque que no está permitido obstruir el paso y menos hacerlo al ritmo de la música. "Aquí bailamos con dos piernas, pero utilizamos cuatro ojos“ es el pensamiento que los mantiene alerta y a salvo.

Del timbo al tambo

Madrid Frao se desplaza de una plaza a otra buscando cómo ganarse la vida. Cuando comenzaron, eran ilegales, no tenían D.N.I. ni nada que los respaldara, sólo contaban con su suerte, pero más pudieron las piernas rápidas que la autoridad. Hoy todos son residentes españoles, pero siguen siendo marginados por el sistema.

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El baile les genera ganancias suficientes para sobrevivir, siempre y cuando no hayan contratiempos, el alcance de la ley les ha costado en el pasado hasta 100 euros por cabeza de multa. Se dice fácil, pero es pesado el castigo para bolsillos tan pequeños.

"La máquina", como le dicen a Nerio, me cuenta que los policías siempre han sido respetuosos con ellos, “la policía entiende que hacemos un espectáculo, pero la ley, es la ley, y deben hacerla cumplir” razona Nerio en una muestra de resignación. Un salto mortal hace temblar el centro de Madrid y el público en Sol enloquece, los tratan como rockstars, se toman fotos con ellos, hacen vídeos, la gente está enamorada de lo que acaba de presenciar. Nunca antes había visto a una señora de 70 años acercarse a sus ídolos urbanos con la misma emoción con la que lo haría una niña de 15.

Licencia para bailar en Bélgica.

El gobierno de Bélgica les otorgó una licencia para bailar en el medio de Bruselas, por lo que tranquilamente podrían ir a entretener al pueblo belga, aunque sería algo extraño llamarse Madrid Frao allá.

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Los showmen de Sol saben que Madrid es su casa, ellos prefieren correr aquí cuanto sea necesario, Madrid es su hogar, Sol es su territorio y los aplausos del público su mayor recompensa.

De repente, forman otro corro, es la hora de iniciar otro espectáculo. Son unas máquinas de baile, hacer breakdance, saltos mortales y piruetas, a seis grados (¡qué frío!) y evitando ser pillados, merece mis respetos. Madrid Frao forma parte de la cultura popular del kilómetro cero de Madrid, aprovechad de verles, porque tal vez algún día se cansen de ser ilegales. #puertadelsol