Durante el pasado mes de enero, los madrileños hemos presenciado en diversos titulares como se ha atacado a la gestión del Ayuntamiento de Madrid por "ponerle trabas" al gran inversor chino grupo Wanda con el derribo del viejo Edificio España para levantar uno que imite su fachada a la perfección. Estos diarios han sacado a la luz cifras sobre el empleo que hubiera generado apoyar a este gigante asiático y conclusiones sobre lo -hablando claro- mal que quedaría Madrid de cara a futuros proyectos extranjeros. 

Al margen de la posición política de cada uno, es verdad que entre la opinión pública se percibe una cierta concordia respecto a las opiniones de estos diarios.

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Hablando con vecinos y amigos de este tema no es raro que, con resignación, exclamen la lamentable que es dejar volar esa oportunidad, esa inyección económica a la capital. No obstante, ¿es gratuita esta acción del Ayuntamiento? ¿Se sustenta en algo o es un "capricho de Carmena"?

Empezaré mi disertación aludiendo a aquella cita tan popular de Cicerón que dice <los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla>. Todo el mundo seguro que está muy conforme con esta observación y con que es importante formarse para poder tener un pensamiento crítico (véase el año pasado el lío con la asignatura de Filosofía). ¿Pero luego ponemos en práctica las palabras de Cicerón? ¿La historia está solo en los libros y los museos? No, señores. La historia de una nación se refleja en su patrimonio, y el Edificio España es parte del nuestro.

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¿Y que por qué? Bueno, empecemos definiendo "patrimonio" según el P. N. de Conservación del Patrimonio Cultural del Siglo XX: <Se entiende por patrimonio […] el conjunto de bienes muebles e inmuebles […] que se enmarcan cronológicamente entre 1901 y 2000 […] y que se reconocen como manifestaciones del progreso en la ciencia, la política, la economía, la cultura y la sociedad del pasado siglo, en su contenido, su técnica y su materialidad>. El Edificio España forma parte de esta definición porque marcó un hito de la ingeniería y la sociedad tras su levantamiento en 1953 como la construcción más alta de la capital (hasta la aparición de la Torre Madrid) respondiendo a la moda de los "edificios ciudades" que se extendía por ese momento en Europa, constituyéndose así como un coloso de la arquitectura madrileña capaz de albergar en su interior todo tipo de actividades de la vida moderna a lo largo de sus 25 plantas −parafraseando a Víctor Moreno (autor de The Building).

Legalmente hablando, el Ayuntamiento reconoció esto expuesto a la obra y le otorgó el nivel de protección N-2 según el Plan General de Ordenación Urbana de Madrid (1997), lo que básicamente blindaba a toda la estructura exterior de ser modificada.

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A la llegada del grupo Wanda, el gobierno de Botella le puso en bandeja al inversor saltarse nuestras leyes de conservación del patrimonio haciendo que el nivel de protección se redujera a N-3 (lo que solo implica la fachada). Mas, no conforme con esto, Wanda quería no conservar ni siquiera la fachada, sino tirar todo el edificio y reconstruirla a imagen y semejanza. ¿Y qué iba a hacer la formación de Carmena? ¿Decirle "sí, sí, adelante, cárgate nuestro patrimonio"? Pues no, se lo denegó y le ofreció un proyecto ingenieril (más costoso) mediante la cual podía conservar la fachada original al hacer las obras. El inversor chino se cruzó de brazos y abandonó el proyecto ante esta noticia, y lo demás es historia.

¿Hay "PATRIMONIO" y "patrimonio"? #Cultura Madrid #Política Madrid #Crónica Madrid