La mayor parte del #Arte abstracto no suscita la atención de los profanos, ¿y por qué? Imagínate que compras un libro que te han recomendado, pero escrito en chino. Casualmente, no tienes ni idea de dicha lengua. Sabes que el libro es una obra maestra, y te debes limitar a observar esos extraños caracteres que entiendes que guardan algún magnifico significado. Frustrante cuanto menos. Eso mismo ocurre con el arte abstracto para la gran mayoría: habla en un lenguaje diferente. Si Cézanne pinta a Los jugadores de cartas (1892-1895), todos reconocemos lo que tenemos delante y damos algún tipo de juicio. Ahora, cuando Malevich nos ofrece Cuadrado negro sobre fondo blanco (1912)… ¿qué decir más que un simple atisbo de atracción o rechazo basado en personales conceptos estéticos? Y qué maravilloso es cuando descubres que dos simples cuadrados ocultan mucho más significado que todas las pinceladas de esos jugadores de cartas.

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A continuación te presentaré una serie de claves para que a la exposición de Kandinsky que se realiza en el Palacio de Cibeles de Madrid hasta el 28 de febrero vayas con algunas palabras de abstracto aprendidas.

  • No estas delante de pintura figurativa. Parece obvio, pero hay que remarcarlo. Cuando estás delante de Kandinsky, no estás viendo representaciones más o menos fotográficas del mundo físico, sino del espiritual. Este autor, en concreto, intenta retratar sentimientos.
  • Los colores tienen vida. Los colores tienen unas sensaciones asociadas, unos olores, unas texturas, y hasta unos sonidos. El azul es profundo, un tono bajo, ritmo lento, es dulce, suave, gélido, reflexivo. El amarillo es su antagonista agudo, rápido, especiado, caliente, afilado. El rojo se posiciona en medio con volumen, tacto duro, una melodía tranquila pero activa. Y de aquí podemos sacar sus combinaciones.
  • Las formas expresan ideas. En Kandinsky, hay tres formas básicas. El punto es el origen, el elemento más simple. Es precisión y energía, contundencia. Cuando lo desplazamos, formamos una línea, le damos dinamismo. Esa línea en horizontal es fría y muerta, pero cuando más se verticaliza más vitalidad va cobrando. Con líneas formamos triángulos (agresivos, rápidos), círculos (estables, trascendentes), rectángulos (lucha de la abrasión contra la congelación) y todas las formas habidas siguen a estas básicas..
  • La música se ve. Formas y colores tocan una composición no necesariamente eufónica. Las trompetas son amarillas, los violonchelos azules, las gaitas violetas, los violines verdes. Pausas en blanco y final de la obra en negro. La condensación de líneas indica un ritmo frenético, y su ausencia uno distendido. Un punto es una nota solitaria, que si aparece con más puntos está repicando. El volumen lo verás en el tamaño de las formas. «El color es la tecla. El ojo, el macillo. El alma es el piano con muchas cuerdas. El artista es la mano que, por esta o aquella tecla, hace vibrar adecuadamente el alma humana».
  • El espacio es un reflejo de nuestra mente. Lo que se coloca a la derecha del cuadro tiene relación con el supuesto lado racional. Lo que va a la izquierda está ligado al llamado espacio creativo, sentimental.

Con estas ideas en tu mente, espero que disfrutes de la exposición si tienes la suerte de poder ir.

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Para los que no, recordad que una pequeña muestra del autor forma parte de la exposición permanente del Museo Thyssen (Madrid). Sea como fuera, permíteme darte una última clave muy importe: disfruta, deja volar tu percepción, libera tus emociones delante de Kandinsky, y coméntalas con quien tengas a tu lado. #Cultura Madrid