Alaska fue uno de los iconos de la famosa "movida madrileña", estética rupturista y un éxito comercial que auparon a Olvido Gara (su nombre real) que llegó incluso a la televisión con aquella mítica "Bola de Cristal".

Los años han ido pasando y las décadas también en un Madrid que no ha vuelto a vivir una explosión musical y cultural como la de aquellos primeros años ochenta. Para Alaska no ha ido nada mal y demostró tener una capacidad de trabajo como para seguir pudiendo vivir en un negocio que ha cambiado radicalmente.

Su buena trayectoria le ha permitido ser empresaria de la noche madrileña, por lo que podemos decir que habla desde la autoridad de quien no solo es un icono sino de una empresaria del Madrid nocturno.

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Hace unos días Alaska saltó a la palestra pidiendo a la nueva alcaldesa que no tocase a la industria noctámbula madrileña, abogando por dejar hacer a la industria de la noche y no haciendo más daño a los empresarios y madrileños en general.

Resulta curioso ciertamente que no alzase en demasía la voz durante los muchos años que gobernó el Partido Popular, no sabemos si por las buenas relaciones que tanto ella como su pareja hicieron gala con la rival de Manuela Carmena, una Esperanza Aguirre que no dudó en acudir a ella para mejorar y dar una imagen más moderna de la candidatura popular.

No parece muy justa la actitud de la cantante con un consistorio que acaba de llegar al poder hace unas pocas semanas. Su punto de vista se encuentra bastante alejado de una realidad que parece haber olvidado mirando para otro lado y apoyando a los populares que siempre han tenido en nuestro país una tendencia clara en cuanto a regulación de horarios y poner las máximas dificultades a la apertura de locales y salas de conciertos.

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