Hace mucho tiempo que Juan Barranco había perdido protagonismo en el partido socialista madrileño, quizás pesa mucho el funesto trayecto que ha tenido el PSOE en la zona. 20 años de continuos cambios y de unos candidatos que uno tras otro han demostrado no tener categoría suficiente ni argumentos para convencer a los ciudadanos, ni en el ayuntamiento de la capital, ni en la Comunidad de Madrid.

Juan Barranco, de 67 años, tiene un pasado político de gran trayectoria, en 1973 fue encarcelado por sus actividades sindicales y por el apoyo al llamado "Proceso 1001". Pocos meses después entró en el PSOE y en 1977 fue el diputado más joven en las primeras elecciones que hubo en la democracia.

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En 1983 entró como segundo en la lista socialista de Enrique Tierno Galván, uno de los mejores alcaldes y más queridos que recuerda la ciudad. Al morir Tierno Galván asumió la alcaldía hasta que una moción de censura propiciada por una coalición de centro/derecha le llevaron a dejar el cargo. 

Intentó luchar para volver a ser alcalde pero finalmente  tras 10 años, optó por desviarse hacia las Cortes Generales. Allí vivió con relativa tranquilidad durante muchos años sin hacer ruido y lejos de aquellos tiempos en los que era una de las caras más prometedores de su partido. En 2011 saltó a la palestra para apoyar a Tomás Gómez en su lucha contra el candidato que quería la directiva de Zapatero para la Comunidad de Madrid.

Un escaño en el Senado y la vicepresidencia de la Asamblea de Madrid fueron su premio.

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Aún así, las relaciones con Gómez se fueron tornando cada vez más alejadas. Barranco se marcha, con la impresión para muchos,de que pudo haber sido más importante, no solo en Madrid sino en España y que por unas cosas o por otras ha terminado aceptando su oportunidad perdida y que la política actual se rige por otros parámetros.

Con su marcha se va, definitivamente, uno de los pocos representantes que quedaban de aquel Madrid político de los 80, tan vital,cultural y socialmente y que también cometió errores, pasando por los tiempos duros de una democracia que era muy joven y tenía que luchar contra unas diferencias generacionales que Tierno Galván y él como segundo intentaron no solo entender, sino dar oportunidad de entenderse entre ellas. Descanse señor Barranco, se lo merece.