El gobierno colombiano ha conseguido este miércoles que el Congreso refrende el nuevo acuerdo de paz, firmado por el presidente Santos y el líder de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de #Colombia (FARC), Rodrigo Lodoño, alias "Timochenko". El acontecimiento se produce casi dos meses después del plebiscito que derrocó el primer Acuerdo de Paz, que tras cuatro años de negociaciones entre ambas partes en La Habana (Cuba), fue descartado por la sociedad colombiana en el referéndum que tuvo lugar el 2 de octubre.

Tras aquel inesperado y alarmante rechazo, tanto los partidarios del acuerdo como la gran mayoría de la comunidad internacional reaccionaron preocupados por lo que podría suponer una vuelta al conflicto armado en Colombia.

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Un conflicto que durante más de 50 años ha asediado a la sociedad colombiana con asesinatos, desapariciones forzososas y violaciones sistemáticas de derechos humanos, convirtiéndolo en el enfrentamiento que más desplazamientos internos ha ocasionado.

De ese modo, con el ánimo y la urgencia de acabar con la incertidumbre y estabilizar el proceso de paz, en tan solo 40 día el acuerdo anterior ha sido modificado por las partes para incorporar o enmendar ciertos puntos polémicos

Como consecuencia, entre las novedades del nuevo acuerdo podemos subrayar las siguientes:

- Se concreta el concepto de "restricción efectiva de la libertad", que consiste en una pena alternativa de prisión para aquellos que confiesen inmediatamente sus crímenes.

- Se limitan los futuros privilegios políticos de Timochenko y otros comandantes de la guerrilla.

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- Se establece un límite de 10 años para la justicia transicional, que además no contará con jueces internacionales y sus acuerdos podrán ser revisados por el Tribunal Constitucional.

- Se estipula que las FARC tendrán que llevar a cabo un inventario de bienes y activos para hacer frente a las reparaciones de las víctimas.

En general, el nuevo acuerdo es más detallado y concreta cuestiones que antes quedaban sujetas al margen de interpretación de las partes, por lo que se pretende acabar con la inseguridad y la desconfianza que suscitaba aquel carácter más difuso.

Esta vez, el nuevo Acuerdo de Paz no será sometido a referéndum, y es el Congreso el que, en virtud de su poder representativo de la sociedad, ha legitimado el nuevo pacto. Así, se quiere evitar el riesgo de un segundo posible rechazo que otro plebiscito acarrearía, así como la polarización de la sociedad colombiana y una demora innecesaria en las negociaciones que haría tambalear el frágil cese al fuego que desde finales de agosto viene dando un respiro al país.

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Por lo tanto, comienza la etapa de implementación de dicho acuerdo y de promulgación de las nuevas leyes que crearán una Jurisdicción Especial para la Paz. Aunque aún quedan muchas incógnitas de cómo se llevará a cabo, como primera medida urgente tras la refrendación empiezan a correr los 150 días de plazo en los que las FARC deberán desintegrarse y entregar todas las armas a la ONU.

Se abre ahora una nueva etapa para la sociedad colombiana que deberá embarcarse en la difícil pero necesaria tarea de construcción de la paz. El Acuerdo de Paz es la piedra base para comenzar a recorrer tal camino, en el que la sociedad colombiana tendrá que enfrentarse a las intensas emociones provocadas por tantos años de conflicto, y en mayor o menor medida deberá aprender a perdonar y abrazar la reconciliación. Tal y como ha declarado el Representante del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU: "Los Acuerdos de Paz son imperfectos. Este de Colombia no es la excepción. Pero un mal acuerdo bien implementado tiene posibilidad de ser sostenible. La perfección es enemiga de lo posible". #ColombiaSeReconcilia